La Unión Europea suspenderá a partir del jueves la importación de carne de vacuno y de aves de corral procedente de Brasil, anunció este lunes la Comisión Europea. El bloque exige garantías del país sudamericano sobre el respeto de sus normas sanitarias antes de reabrir el mercado.
La medida no es una sorpresa aislada. Brasil fue retirado en mayo de la lista de países que la UE considera conformes con sus reglas sobre el uso intensivo de antibióticos en la industria ganadera, en un contexto de presión del sector agrícola europeo tras la firma del acuerdo de libre comercio con el Mercosur. La Comisión reprocha a Brasilia no haber aportado, desde entonces, garantías suficientes.
«Brasil es un socio importante de la UE y estamos trabajando en estrecha colaboración, de manera constructiva y positiva, con las autoridades brasileñas para garantizar que cumplan con estos requisitos. Una vez que se demuestre dicho cumplimiento, podrán reanudarse las exportaciones a la UE», precisó una portavoz de la Comisión Europea a la agencia AFP.
La suspensión no se limita a la carne de vacuno: también afecta a los huevos y la miel. El Ejecutivo europeo no ofreció un plazo para una eventual reanudación. Para la carne de aves de corral y la miel, existe una auditoría en curso que debería concluir el viernes; si sus resultados satisfacen a los países miembros, esas importaciones podrían autorizarse de nuevo en las próximas semanas.
Los plazos, advierte Bruselas, podrían ser más largos para la carne de res. «Debido a la duración de los ciclos de producción según las especies animales en cuestión, la fecha a partir de la cual Brasil podría estar en condiciones de certificar su cumplimiento con los requisitos de la UE varía según los sectores», señaló la Comisión.
La política de fondo es la lucha europea contra la resistencia de los microbios a los medicamentos, evitando el uso innecesario de antibióticos en la ganadería. Al anunciar en mayo la exclusión de Brasil de la lista de países conformes, el bloque dejó abierta la puerta a una actualización una vez que las autoridades brasileñas respondieran a sus requerimientos.
El trasfondo comercial no es menor: el acuerdo entre la UE y el Mercosur —integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay—, firmado en enero de este año, entró en vigor de forma provisional el 1 de mayo. La suspensión sanitaria llega, así, en paralelo a la aplicación de un tratado que promete abrir mercados por ambos lados del Atlántico.
Conviene mirar los incentivos detrás de la medida. La industria ganadera europea, que presionó activamente para que Brasil saliera de la lista de países conformes, obtiene con esta suspensión un respiro frente a la competencia sudamericana justo cuando el Mercosur gana acceso al mercado europeo. La justificación sanitaria es legítima —el uso de antibióticos en la ganadería es un problema real de salud pública—, pero la coincidencia temporal con la entrada en vigor del acuerdo comercial no pasará inadvertida en Brasilia ni entre los exportadores agrícolas del bloque sudamericano.
El episodio ilustra una tensión estructural del libre comercio bajo reglas regulatorias asimétricas: cada apertura de mercado trae consigo un aparato de estándares técnicos que puede convertirse, según se aplique, en garantía de calidad o en barrera no arancelaria. La historia sugiere cautela sobre cuánto tardará Brasil en satisfacer las exigencias de Bruselas, y sobre si el criterio técnico prevalecerá sobre el político en las próximas semanas.



