El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Lin Jian, acusó este martes al gobierno japonés de «exagerar las amenazas externas para buscar justificaciones a su propia remilitarización acelerada y a sus desafíos al orden internacional». Las declaraciones se produjeron en una conferencia de prensa y fueron recogidas por el diario Global Times.
La disputa se activó después de que el portavoz del gobierno japonés, Minoru Kihara, informara de que Tokio presentó una nota de protesta ante Beijing por maniobras navales chinas realizadas el 19 de julio cerca del atolón de Okinotorishima. Según Kihara, esas maniobras podrían haber representado un riesgo para las embarcaciones que navegaban en la zona.
Desde Beijing, la respuesta fue doble. Por un lado, Lin Jian sostuvo que China está «generando polémica en torno a las acciones legítimas de otros países» —en referencia a Japón— e instó a la comunidad internacional a «mantenerse alerta» ante lo que calificó como una «tendencia peligrosa». Por el otro, el portavoz chino defendió que las maniobras conjuntas con Rusia en esas aguas «son legítimas» y que ambas partes ya han «explicado su postura».
El núcleo jurídico del diferendo gira en torno al estatus de Okinotorishima. Beijing argumenta que la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece que Okinotorishima es un arrecife y no una isla, lo que impediría a Japón reclamar sobre él una zona económica exclusiva ni una plataforma continental. En consecuencia, el portavoz chino afirmó que las reclamaciones japonesas sobre esas aguas constituyen una violación del derecho internacional. Tokio rechaza esa interpretación.
El episodio no es aislado. Se inscribe en una pauta de presión naval china sostenida en el Pacífico occidental, que incluye maniobras conjuntas con Rusia en zonas sensibles para Japón y para sus aliados. Para Tokio, ese patrón justifica precisamente el proceso de refuerzo de sus capacidades de defensa que Beijing denuncia como «remilitarización acelerada».
Conviene mirar los incentivos. China tiene razones estratégicas para enmarcar cualquier modernización militar japonesa como provocación: mantener a Japón a la defensiva diplomáticamente reduce el espacio político de Tokio para consolidar alianzas en el Indo-Pacífico y complica la coordinación con Washington y Seúl. El argumento jurídico sobre Okinotorishima es real, pero su activación en este momento responde a una lógica de presión, no de arbitraje.
El dato importa más que el ruido. Lo relevante no es el intercambio de notas diplomáticas, sino la acumulación de incidentes que obliga a cada capital a recalcular sus márgenes. Para las democracias de mercado de la región, la estabilidad del Pacífico occidental no es un bien abstracto: es la condición sobre la que descansan las rutas comerciales, las cadenas de suministro y la credibilidad de los sistemas de disuasión. Cada episodio que Beijing enmarca como «legítimo» mientras Tokio lo registra como amenaza estrecha el espacio para una desescalada ordenada.



