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Rosalía, un repost y una final: cuando las redes convierten un error en crisis internacional

El actor Oscar Martínez, radicado en España, calificó de «muy tóxica» la reacción digital tras la polémica con la cantante española, aunque reconoció que «estuvo mal» lo que hizo.
Imagen ilustrativa
Culturaviernes 24 de julio de 2026

La final del Mundial entre Argentina y España no terminó en el pitazo final. Terminó —o más bien se prolongó indefinidamente— en las redes sociales, donde un repost de Rosalía desencadenó una cadena de consecuencias que incluyó cancelaciones de conciertos, devoluciones masivas de entradas y la suspensión de un tributo sinfónico en Córdoba.

La secuencia es conocida pero conviene reconstruirla con precisión. La cantante española compartió en sus redes un video de Mia Khalifa celebrando la victoria de España, acompañado del mensaje: «Cómo suena la vida ahora que las perlas han sido derrotadas». La frase fue interpretada en Argentina como una burla directa a los jugadores del seleccionado. La reacción fue inmediata y contundente, justo cuando Rosalía se preparaba para cuatro conciertos en Buenos Aires.

La artista intentó contener el incendio con una historia en sus redes: «Le di a compartir porque sonaba 'La perla' y ni leí lo que ponía, mala mía. Perdón». También publicó: «Solo tengo amor por la Argentina». Las disculpas no lograron apagar el debate.

Oscar Martínez, actor argentino radicado en España y protagonista de El ciudadano ilustre, ofreció a Teleshow una lectura que equilibra la crítica a Rosalía con una mirada escéptica sobre el fenómeno digital. «Rosalía se equivocó, digamos, entre comillas, ¿no? Tiene que hacerse cargo de lo que dijo y de lo que hizo. Ahora está retrocediendo en chancletas como puede, pero la verdad es que estuvo mal», afirmó.

Al mismo tiempo, Martínez no absolvió a quienes alimentaron la hoguera desde el anonimato. Citando al escritor Umberto Eco, describió el fenómeno como «la invasión de los necios»: «Suelen ser muy tóxicas, porque mucho resentido, mucho fanático, mucho descerebrado, mucho ignorante, encuentra la posibilidad de decir lo que quiera». Para el actor, la mayoría de los ataques provinieron de «perfiles anónimos, fanáticos y usuarios con poco interés en el diálogo».

Martínez también señaló que el contexto agravó el error: «A días de ir a la Argentina hacer esa declaración de esa naturaleza, con la gente tan sensible como está, podía tener estas consecuencias». Y añadió, con una nota de condescendencia generosa: «Es muy joven. Esperemos que aprenda».

El actor fue cuidadoso en separar su identidad de las reacciones más extremas de sus compatriotas: «Es una pena, eso tampoco me representa como argentino». Y advirtió que el episodio «deja una mancha muy fea y le da pasto a los que nos están criticando con esa fiereza».

El caso ilumina una dinámica que se repite con creciente frecuencia: la velocidad de las redes convierte un error de juicio —o de atención, como alega Rosalía— en una crisis de imagen con consecuencias económicas reales. La cancelación de presentaciones y la devolución de entradas son daños medibles, no solo simbólicos.

Conviene mirar los incentivos. Las plataformas digitales no están diseñadas para la deliberación; están diseñadas para la viralización. Un repost irreflexivo rinde más en términos de atención que cien declaraciones mesuradas. El resultado es un ecosistema donde el costo de equivocarse es desproporcionado y donde la rectificación, por sincera que sea, llega siempre tarde. Rosalía pagará la cuenta en Buenos Aires; el verdadero beneficiario del escándalo, como casi siempre, fue el algoritmo.

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