Minerva Casero tiene una trayectoria que comenzó en la televisión argentina con Esperanza mía y se extendió por ficciones como El Reino, ATAV y Viudas negras, además de la película Linda. Hija del actor y humorista Alfredo Casero y de la artista Marisa Rogel, creció bajo la exposición pública desde temprana edad. Ahora, en una entrevista con el ciclo Casino Deluxe de Infobae, eligió hablar de lo que no suele verse desde afuera.
«Yo fui difícil con mis padres en su momento y la verdad es que se portaron muy bien. Hago terapia desde que tengo 14 años. Tenía mucho conflicto conmigo, con lo social, con la interacción con el prójimo y con mi relación conmigo misma», reconoció Casero durante la conversación.
Ese punto de partida marca el tono de una entrevista que transitó por la vulnerabilidad, la construcción de identidad y el vínculo con la mirada ajena. La actriz no esquivó el tema ni lo edulcoró: la terapia no fue un recurso de moda sino una herramienta que comenzó a usar en la adolescencia, cuando el conflicto interno era, según sus propias palabras, con «lo social» y con ella misma.
El momento presente, sin embargo, está dominado por un proyecto de otra escala. Casero protagoniza la versión argentina del musical Anastasia, que se presenta en la avenida Corrientes, en el rol protagónico de la princesa. Para prepararse, trabajó durante meses en actuación, canto y danza. «Estoy muy contenta. Es la gran apuesta, hay mucha gente y creo que se materializó de una manera muy especial», describió.
Lo que la emociona no es solo el resultado escénico sino el proceso colectivo detrás. Detalló que su peluca está «hecha pelo por pelo» y que el vestuario fue construido «botón por botón» y «diamantito por diamantito» por sastres y artesanos. «El hecho de poder pensar en que un montón de gente hizo cada cosa pensando en un proyecto tan lindo y que eso llegue a la gente de alguna forma», dijo, es lo que le produce emoción al salir del teatro.
Casero describió la obra como «transversal a todas las generaciones» porque, según ella, tiene «un dejo muy humano»: una búsqueda de identidad, el descubrimiento del amor y la amistad, «una especie de representación de la vida».
En el juego hipotético del millón de dólares que propone el ciclo, la actriz trazó un mapa revelador de sus prioridades: comodidad propia, gestos hacia familia y amigos, respaldo económico para sus cercanos, inversión en algún proyecto que le resulte interesante y una parte destinada a contribuir con infancias y personas mayores. «Me enternece particularmente los niños, las infancias y la gente muy grande, los abuelitos», señaló.
Sobre su pareja —una persona ajena al medio artístico, según aclaró— prefirió no dar detalles, pero apuntó que las diferencias entre ambos son parte del atractivo.
Conviene mirar los incentivos. La carrera de Minerva Casero ilustra un modelo de desarrollo artístico construido sobre trabajo sostenido y preparación técnica, no sobre la inercia del apellido. El musical de Corrientes, con su estructura de producción artesanal y su apuesta por un público amplio, es también una señal de que la industria cultural argentina —cuando opera con criterio de mercado y excelencia— puede generar productos que compiten con estándares internacionales. El dato importa más que el ruido: lo que el público ve en escena es el resultado de decisiones de inversión privada en talento y oficio.



