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Mendoza se prepara para un «Súper Niño» que puede multiplicar el riesgo de dengue

La provincia de clima árido prevé lluvias superiores a lo histórico, más humedad y temperaturas altas entre octubre y diciembre. Salud pide anticipar la eliminación de criaderos antes de que el mosquito encuentre mejores condiciones.
Imagen generada con IA
Ciencia y tecnologíadomingo 20 de septiembre de 2026

MENDOZA.- La provincia se alista para un escenario climático que puede alterar su equilibrio sanitario. Con proyecciones de precipitaciones superiores a los valores históricos para septiembre y octubre, y con un período de mayor incidencia previsto entre octubre y diciembre, Mendoza enfrenta la posibilidad de un «Súper Niño» con impacto sobre el dengue.

La advertencia parte de una realidad geográfica precisa: se trata de una zona habitualmente árida, donde una anomalía de lluvias puede modificar las condiciones locales y favorecer la formación y persistencia de criaderos del Aedes aegypti, el mosquito vector de la enfermedad. El dato importa más que el ruido: el riesgo no nace solo del calor o la humedad, sino de la combinación entre clima, circulación del virus y presencia de personas susceptibles.

El Ministerio de Salud provincial recomienda iniciar las acciones de anticipación y control de criaderos antes del comienzo de la temporada de mayor actividad del vector. La cartera sanitaria insiste en que, aunque las condiciones ambientales favorables no determinan por sí solas la ocurrencia de casos, sí amplían la ventana en la que la transmisión puede acelerarse si el virus circula en la región o si ingresan casos desde áreas endémicas.

Las proyecciones climáticas actualizadas para la temporada primavera-verano 2026-2027 elevan la preocupación. La provincia contempla una alta probabilidad de un escenario de «Súper Niño», con un pico proyectado de 2,5°C por encima del promedio, mientras el escenario central plantea un fenómeno de «El Niño fuerte», con una anomalía estimada de 1,8°C. Elizabeth Naranjo Tamayo, meteoróloga y una de las encargadas del Plan Interinstitucional de Prevención elaborado por la firma estatal Aemsa, dijo que «vamos hacia un evento muy fuerte, e incluso pudiera convertirse en histórico durante la primavera y verano, el más importante en siete décadas».

Ese pronóstico no solo implica más lluvias. También podría traer tormentas convectivas más frecuentes e intensas, granizo, crecidas de ríos cordilleranos y mayor riesgo de aluviones. En una provincia donde las condiciones históricas de sequía limitan habitualmente la disponibilidad de agua en el ambiente, el cambio de escenario puede favorecer la permanencia de recipientes con agua y, con ello, la reproducción del mosquito.

Los especialistas recuerdan que los huevos del Aedes aegypti pueden permanecer viables adheridos a las paredes de recipientes durante meses, resistiendo las bajas temperaturas invernales. Con el ascenso de temperaturas en septiembre y octubre, la presencia de agua, incluso en pequeños depósitos, activa el ciclo de desarrollo larvario. En condiciones de mayor humedad ambiental, además, los adultos prolongan su período de vida.

Por eso, la fumigación aparece como una herramienta limitada. Actúa sobre adultos en vuelo, pero no elimina huevos ni larvas. La eliminación sostenida de criaderos, dentro y fuera de las viviendas, sigue siendo la medida de mayor impacto para reducir la densidad vectorial y, por extensión, las oportunidades de transmisión.

El frente sanitario no admite improvisaciones. Conviene mirar los incentivos: cuando el aparato estatal y la comunidad actúan antes de la temporada crítica, el costo potencial para el sistema de salud baja y la prevención gana eficacia. Cuando la reacción llega tarde, el margen se estrecha y la transmisión encuentra mejores condiciones.

También hay una lectura institucional. En provincias de clima árido, la gestión pública depende menos de discursos y más de la coordinación entre información meteorológica, control de criaderos y respuesta sanitaria. Si el «Súper Niño» se confirma en la intensidad que hoy proyectan las autoridades, la disciplina preventiva será una obligación práctica, no una consigna.

La historia sugiere cautela. Un escenario climático favorable para el vector no implica necesariamente brote, pero sí obliga a actuar antes de que el mosquito encuentre su mejor ambiente. En salud pública, como en tantas áreas del Estado, el tiempo vale tanto como el presupuesto: anticipar cuesta menos que corregir.

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