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La chef Julieta Oriolo pone la cocina en el centro, también en casa

La dueña de La Alacena Trattoria reformó su nueva vivienda en Palermo con un principio inamovible: la cocina como corazón del proyecto. Una historia de vocación, oficio y libre empresa que arrancó como hobby.
Imagen ilustrativa
Culturaviernes 31 de julio de 2026

Julieta Oriolo no separa la vida del trabajo. La chef y dueña de La Alacena Trattoria y La Alacena Pastificio, en el barrio porteño de Palermo, acaba de concluir la reforma integral de su nueva casa con una consigna que resumió ella misma: «El punto de partida fue que la cocina tenía que ser el corazón del proyecto».

Oriolo lleva 17 años en pareja con Hernán Calliari, también dedicado a la gastronomía y socio en sus restaurantes. Cuando esperaban la llegada de su primer hijo, vendieron su PH en Parque Chacabuco y salieron a buscar algo más cercano al trabajo. «El primer fin de semana que salimos a buscar, vimos tres propiedades. Cuando entramos en esta casa con Hernán, había una luz tan impresionante que ahí nomás le dije: 'Es acá'», recuerda la chef.

La obra se encaró en tiempo récord, durante el último tramo del embarazo, con la arquitecta Marina Kurcbart —quien ya había trabajado con Oriolo en el diseño de sus restaurantes—. La consigna era clara: «no tener que hacerle nada por diez años». El resultado fue una reforma integral que desplazó la cocina de su lugar original hacia el centro de la casa para abrirla a todos los ambientes mediante un pasillo conector. «Cuando arranco los motores, la uso un montón, por eso quería que fuera grande y tuviera mucha luz», explica.

La paleta de la cocina combina el terracota del revestimiento de la alzada —puesto de modo vertical— con el celeste de los muebles. En el centro, una mesa de trabajo que también funciona como desayunador. El patio, además de aportar luz y ventilación, tiene espacio para cultivar aromáticas y pimientos que Oriolo usa a diario. La suite cedió metros a la cocina durante la ampliación; a cambio, la chef se volcó por un empapelado de inspiración en las casas de campo inglesas que, según sus palabras, le transmite paz.

Las raíces de Oriolo provienen del pueblo homónimo en Calabria, fuente de inspiración para sus recetas. «Mis padres cocinaban todo el tiempo. Yo empecé a estudiar por hobby, sin saber que iba a terminar siendo mi profesión. A los pocos meses empecé a hacer una pasantía y nunca más me fui de un restaurante», cuenta.

Fundada en 2014 junto a su amiga y socia Mariana Bauzá, La Alacena Trattoria comenzó con ensaladas, sándwiches, panadería y pastelería antes de incorporar las pastas. Hoy, el establecimiento acaba de recibir por tercera vez consecutiva el reconocimiento Bib Gourmand de la Guía Michelin, que distingue a los restaurantes con la mejor relación precio-calidad. Entre los proyectos próximos de Oriolo figuran un segundo libro —tras Oriolo (Planeta)—, un nuevo programa en El Gourmet y más viajes de exploración por las cocinas del mundo.

Conviene mirar los incentivos. La historia de Oriolo ilustra con precisión qué ocurre cuando el Estado no interfiere en el camino entre una pasión y un negocio viable: una hobby se convierte en oficio, el oficio en empresa y la empresa en referencia reconocida internacionalmente. La Guía Michelin no premia subsidios ni cuotas; premia resultados. La Alacena Trattoria es, en ese sentido, un argumento gastronómico a favor del mérito y la libre empresa: comenzó pequeña, encontró su nicho y creció por la calidad de lo que pone en el plato. El dato importa más que el ruido.

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