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Hija de Rory Feek, evacuada en helicóptero tras emergencia cardíaca dos semanas después de cirugía a corazón abierto

Indiana Feek, de 12 años, fue trasladada de urgencia al Dell Children's Medical Center en Austin luego de que una acumulación peligrosa de líquido alrededor del corazón impidiera el bombeo normal. Los médicos extrajeron 610 cc de fluido en una segunda operación.
Imagen ilustrativa
Culturamartes 14 de julio de 2026

El cantante de country Rory Feek vivió una de las noches más aterradoras de su vida apenas dos semanas después de que su hija menor, Indiana, de 12 años, superara una cirugía a corazón abierto. Según relató Feek en una publicación en Substack, lo que comenzó como un dolor de cabeza y lo que parecía una tos nocturna derivó en una emergencia que puso en riesgo la vida de la niña.

Indiana nació en 2014 con un defecto septal ventricular, una malformación cardíaca congénita diagnosticada poco después de su nacimiento. Feek explicó que él y su esposa Rebecca creyeron en un primer momento que se trataba de un malestar estomacal. La situación cambió de manera abrupta cuando Indiana colapsó al caminar de regreso hacia su habitación.

«No voy a entrar en los detalles momento a momento que nos llevaron a llamar al 911 —los dos sosteniéndola en brazos, literalmente llorando, pidiendo ayuda—, pero digamos que ni Rebecca ni yo hemos sentido tanto miedo en nuestras vidas», escribió Feek. «Casi no puedo pensarlo, mucho menos escribirlo... pero creímos que la habíamos perdido».

Indiana fue llevada inicialmente a un hospital en Waco, Texas. Los médicos determinaron que requería atención especializada y fue trasladada en helicóptero al Dell Children's Medical Center en Austin. Feek siguió el vuelo de 30 minutos por carretera en su camioneta, ya que no había espacio suficiente en la aeronave para toda la familia.

En Austin, los especialistas detectaron una acumulación peligrosa de líquido alrededor del corazón que impedía su funcionamiento normal. Según Feek, los médicos explicaron que «esto es algo que a veces ocurre, donde la inflamación de la cirugía comienza a generar un exceso de líquido, lo que dificulta el bombeo del corazón, le quita color y le cuesta obtener oxígeno, y el cuerpo reacciona con vómitos al intentar contrarrestar el problema».

Casi exactamente dos semanas después de la primera operación, Indiana fue intervenida de nuevo. Los médicos extrajeron 610 cc de fluido. En una fotografía que Feek compartió junto a su publicación, Indiana aparece sonriente en su cama del hospital.

El caso ilustra una realidad médica que los padres de niños con cardiopatías congénitas conocen bien: las complicaciones postoperatorias pueden presentarse de forma repentina y sin señales de alerta claras, incluso cuando la cirugía inicial transcurrió sin contratiempos. La velocidad con que Feek y Rebecca reconocieron la gravedad del cuadro y activaron los servicios de emergencia fue, según los propios médicos, determinante.

Conviene mirar los incentivos que rodean este tipo de historias: la transparencia con que Feek eligió narrar la crisis —sin filtros ni gestión de imagen— cumple una función de utilidad pública para otras familias en situaciones similares. El dato importa más que el ruido: una complicación postquirúrgica que parece un simple malestar puede requerir intervención inmediata. La historia sugiere cautela ante la tentación de normalizar síntomas en pacientes cardíacos pediátricos en período de recuperación.

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