Lynk & Co cierra una etapa en el mercado automotor chileno. La marca, hasta ahora distribuida bajo el alero de Tattersall Automotriz, pasa a operar bajo representación directa de Geely Motor Chile. El cambio llega acompañado de un lanzamiento: el SUV híbrido enchufable (PHEV) 01, el segundo modelo de este tipo en su portafolio local tras el lanzamiento a fines de 2025 del 08.
El 01 se construye sobre la arquitectura Compact Modular Architecture (CMA) del grupo Geely, la misma plataforma que utilizan el Volvo XC40 y el EX40. Sus dimensiones son 4.545 mm de largo, 1.860 mm de ancho, 1.694 mm de alto y 2.734 mm de distancia entre ejes, con un maletero de 509 litros.
El equipamiento tecnológico incluye una pantalla central de 15,4 pulgadas y un cuadro de instrumentos de 10,2 pulgadas con información de manejo y sistemas ADAS, además de conectividad 5G y compatibilidad inalámbrica con Apple CarPlay y Android Auto. La versión tope de línea agrega cargador por inducción de 15W, techo panorámico con cortinilla, carrocería bitono, cámara de 540°, portalón eléctrico, calefacción de volante, espejo fotocromático, asiento del conductor con ajuste eléctrico y memoria, y un sistema de audio Harman Kardon Infinity de 10 altavoces.
En seguridad, el 01 trae de base siete airbags —dos frontales, dos laterales, dos de cortina y uno central—, aviso de cinturón desabrochado en todas las plazas, monitoreo de presión de neumáticos, asistente de arranque en pendiente y control de descenso.
El apartado mecánico combina un motor 1.5 litros turboalimentado de 136 Hp y 229 Nm con un motor eléctrico síncrono de imanes permanentes de 143 Hp y 338 Nm, mediante una transmisión híbrida dedicada 3DHT. La batería de 17,72 kWh permite hasta 75 kilómetros en modo totalmente eléctrico, y sumada al estanque de combustible de 42 litros, la autonomía combinada supera los 750 kilómetros.
El modelo llega en dos versiones —Pro y Halo—, con precios bonificados de 27.490.000 y 30.990.000 pesos chilenos respectivamente.
El movimiento de Geely para asumir directamente la distribución de Lynk & Co, sin intermediarios locales, confirma una tendencia que ya se observa en otros mercados de la región: los fabricantes chinos están dispuestos a invertir capital propio y asumir riesgo comercial directo en Chile, en lugar de delegarlo a distribuidoras tradicionales. Es una apuesta que solo se explica si el retorno esperado supera el costo de montar operación propia, y que dice más sobre la confianza en el mercado chileno que cualquier discurso oficial.
Para el consumidor, la irrupción de marcas chinas con producto competitivo —tecnología, equipamiento y precio agresivo frente a competidores establecidos— es, sencillamente, más opciones y menor poder de mercado para los actores incumbentes. Conviene mirar los incentivos: mientras no existan barreras arancelarias artificiales ni privilegios regulatorios para proteger a jugadores instalados, la competencia entre fabricantes seguirá empujando precios y calidad en beneficio del comprador final. El dato importa más que el ruido: Chile continúa siendo, en la práctica, uno de los mercados automotores más abiertos de América Latina, y ese es un activo que el país no debería dar por garantizado.



