El calendario vinícola argentino de julio y agosto concentra dos propuestas de alta gama que merecen atención más allá del circuito habitual de degustaciones.
La Petite Histoire: espumosos bajo el espíritu de la Bastilla
El jueves 6 de agosto, de 18:00 a 22:30, el Sofitel Buenos Aires Recoleta será el escenario del ciclo La Petite Histoire, organizado por las sommeliers María Mendizabal y Florencia Rampoldi. La propuesta, según sus organizadoras, «nace como un encuentro dedicado al universo de los vinos espumosos y al legado del Champagne, inspirado en el espíritu festivo de la toma de la Bastilla, símbolo de libertad, cultura y celebración francesa».
El formato es el de una fiesta-feria: distintas estaciones de degustación donde el asistente podrá recorrer desde espumantes argentinos elaborados bajo método tradicional hasta vinos de prestigiosas maisons de Champagne francesas y cavas españoles. Cada participante recibirá una copa Zwiesel Glass Sensa Champagne, seleccionada específicamente para la ocasión.
La lógica del evento no es solo hedónica. Poner en una misma mesa el terruño argentino, la tradición champenoise y la tradición catalana permite al consumidor calibrar dónde se ubica la producción local frente a referencias que llevan siglos de historia. Para la industria vitivinícola argentina, ese ejercicio comparativo es, en sí mismo, un argumento comercial.
Estancia Vigil: siete añadas del vino más premiado de Argentina
El viernes 17 de julio, a las 19:30, Estancia Vigil propone una vertical del Gran Enemigo Single Vineyard Gualtallary Cabernet Franc: las añadas 2010, 2012, 2013, 2016, 2018, 2019 y 2023, servidas en el marco de una cena de siete pasos a cargo del chef anfitrión Diego Irato.
Una vertical —en la jerga del sector, la degustación de varias cosechas de una misma etiqueta— permite identificar la influencia del clima de cada año y la evolución estilística del vino a lo largo del tiempo. En este caso, el recorrido abarca más de una década de una bodega que ha acumulado puntajes perfectos de 100 puntos de parte de distintos críticos internacionales. La añada 2023, por ejemplo, obtuvo 100 puntos del crítico californiano James Suckling.
El Gualtallary, zona de altura en el Valle de Uco, se ha consolidado como uno de los terruños de referencia para el Cabernet Franc a escala global. La vertical de Estancia Vigil es, en ese sentido, una clase magistral sobre por qué ese vino ocupa el lugar que ocupa en el mercado internacional.
Lo que el dato dice sobre el sector
Conviene mirar los incentivos. Que dos propuestas de este calibre —una centrada en espumosos de método tradicional, otra en una etiqueta con puntajes perfectos internacionales— encuentren público en Buenos Aires en pleno invierno austral es señal de que el segmento de vino premium resiste con solidez los ciclos económicos.
El libre mercado premia la diferenciación y la calidad verificable; los 100 puntos de Suckling o la comparación directa con Champagne son exactamente ese tipo de señal. Argentina tiene en su industria vitivinícola uno de los activos exportadores más sólidos del país: eventos como estos no son frivolidad, sino la cara visible de una cadena de valor que compite —y gana— en los mercados más exigentes del mundo. El dato importa más que el ruido.



