Miranda Capurro subió al escenario de Vibra Perú el 29 de julio, en plena celebración de Fiestas Patrias, con una narrativa ya construida: dejar atrás el streaming para apostar por un camino artístico propio. Era su primer gran reto en vivo y, según la fuente, el resultado fue un debut que «no terminó de convencer a todos».
Los clips que circularon en TikTok instalaron rápidamente la palabra que dominaría el debate: «tibio». Para una parte del público, la presentación fue correcta para alguien que recién empieza; para otra, le faltó el golpe de energía que suele exigir un festival de esa magnitud. El escenario de Vibra Perú, por su escala y el tipo de público que convoca, no suele ser indulgente con los debutantes: exige dominio vocal, presencia, manejo de tiempos y conexión con la audiencia.
Un elemento adicional alimentó la conversación: la presencia de Doménico, quien estuvo grabando a Capurro durante su participación. Ese gesto fue leído por algunos como apoyo y por otros como una distracción del foco musical, sumando un ingrediente extramusicla a una noche que, según la fuente, «se jugó minuto a minuto en redes».
En medio de la ola de comentarios, el creador de contenido Ric La Torre publicó una lectura que se apartó del sarcasmo. «La chica tiene un sueño: ser cantante. ¿Lo puede lograr? Para bien o para mal, lo está haciendo. Ha sacado sus cancioncitas, ha practicado», dijo, según recoge la fuente. La Torre añadió una valoración personal: «Personalmente, a mí me parece que no canta mal lo que he escuchado de ella». Sobre los clips del festival, su lectura fue positiva: «Los videos del Vibra Perú que me salen en TikTok me parece que lo ha hecho bien». También recordó que, antes, Capurro había tenido presentaciones en televisión «en playback», lo que vuelve más relevante el salto a un festival en vivo.
Los comentarios críticos que circularon incluyeron frases como «Esa no es su voz» y «sonaba bien, pero le faltaba conectar con el público». En el otro extremo, aparecieron mensajes de respaldo: «cantó lindo» y «¡qué envidiosos!». También se repitieron señalamientos de corte social: «las que tienen plata y contactos hacen lo que quieren», citado en la fuente tanto como crítica como para marcar que el debate frecuentemente abandona el terreno del performance.
La fuente concluye que el debut «no pasó desapercibido» y que en el ecosistema digital la conversación generada puede ser tan determinante como el show mismo.
Conviene mirar los incentivos. El tránsito de influencer a artista en vivo es uno de los recorridos más escrutados del entretenimiento latinoamericano contemporáneo: el capital de atención acumulado en redes es un activo real, pero no sustituye al rodaje escénico. Lo que el caso Capurro ilustra es que el tribunal digital opera con criterios mixtos —mérito técnico, narrativa personal, relaciones— y que separar esos planos resulta difícil para el público y para la propia artista. El dato importa más que el ruido: un debut que genera conversación es, en términos de industria, mejor que el silencio. La pregunta relevante no es si el show fue tibio, sino si el proceso que sigue estará a la altura del escenario que acaba de estrenar.



