Diane Farr, conocida por interpretar a Sharon Leone en la serie «Fire Country» de CBS, reveló a Fox News Digital que dejó California después de tres décadas para instalarse en una zona rural del estado de Washington.
La decisión, según explicó la propia actriz, estuvo impulsada por dos factores concretos: sus hijos se marcharon a la universidad y se instalaron en otros estados, y el rodaje de la serie tiene lugar en Vancouver, lo que hacía innecesario mantener una base en Los Ángeles.
«Me mudé a Washington rural porque pude comprar una casa preciosa, y no era muy cara en comparación con vivir en Los Ángeles todos estos años», declaró Farr. La actriz vive frente al agua y describió su rutina como una mezcla de paddleboard, ciclismo eléctrico y «absorber el tiempo en el hermoso Pacífico Norte».
Farr también adelantó que planea dividir su tiempo entre Vancouver y España, lo que convierte su reubicación en algo más que un simple cambio de código postal.
Sobre su etapa en California, la actriz reconoció que durante 15 años evitó proyectos fuera de Los Ángeles por temor a perderse momentos con sus hijos, a quienes tuvo cerca de los 40 años. «No dejé Los Ángeles durante 15 años cuando tuve bebés. Tenía miedo de trabajar fuera de la ciudad. Tenía miedo de perderme todo», señaló. Fue la pandemia, y los dos años de convivencia intensa con unos hijos ya adolescentes, lo que terminó de inclinar la balanza.
«Después de la pandemia habían pasado 15 años. Pasamos dos años en casa y todos eran adolescentes y antipáticos con mamá. Y pensé: puedo irme, puedo ir a Vancouver», relató.
La quinta temporada de «Fire Country» está programada para estrenarse el 9 de octubre de 2026, los viernes a las 9/8c en CBS, con disponibilidad al día siguiente en Paramount+.
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El caso de Farr ilustra una tendencia que los mercados inmobiliarios del Pacífico Norte llevan registrando desde la pandemia: profesionales con ingresos estables —y movilidad laboral real— abandonan los grandes centros urbanos de California en busca de mayor calidad de vida a menor costo. La lógica es elemental: cuando el trabajo se desplaza o se vuelve remoto, el diferencial de precio entre una propiedad en Los Ángeles y una frente al agua en Washington rural deja de ser abstracto.
Conviene mirar los incentivos. California ha perdido residentes de forma sostenida en los últimos años; la carga fiscal, el costo de la vivienda y la regulación acumulada pesan sobre quienes tienen la opción de elegir dónde vivir. Que una actriz con tres décadas de arraigo en el estado describa su salida como «permiso» —y no como sacrificio— dice más sobre el clima que cualquier estadística oficial.



