David Chase, creador de la serie The Sopranos y ganador de siete premios Emmy, reveló en el Festival de Karlovy Vary que trabaja de forma independiente en un largometraje «que trata sobre el LSD» y que, al mismo tiempo, desarrolla para HBO una serie titulada Project: MKUltra. El filme —su primera dirección desde Not Fade Away (2012)— gira en torno a una joven que es DJ universitaria, «así que hay mucha música», según sus propias palabras.
La serie para HBO se basa en el libro Project Mind Control: Sidney Gottlieb, the CIA, and the Tragedy of MKULTRA, de John Lisle. El proyecto se centra en Sidney Gottlieb, químico y espía real apodado el «Brujo Negro», a quien HBO describió como el «involuntario padrino de la contracultura del LSD» y quien encabezó experimentos de control mental «en sujetos voluntarios e involuntarios durante el apogeo de la Guerra Fría». Chase admite estar todavía «en la etapa de historia» y confiesa que enfrenta «un embarazo de riquezas»: cada nueva revelación del libro —desde la posible exposición de Charles Manson al LSD por parte de MKUltra hasta el uso de la sustancia por Cary Grant— suma capas difíciles de recortar.
«Me resulta casi gracioso. Es absurdo. Me gusta la ironía de que quisieran convertirlo en un arma y terminó siendo una droga de fiesta y una experiencia muy espiritual», dijo Chase a Variety.
Sobre el clima político en Estados Unidos, Chase fue directo: «Desde Trump, me ha preocupado que estemos a un pequeño salto de la censura». El escritor no teme a los comentaristas de derecha en línea, sino a un escenario donde a los creadores «les digan que no pueden decir esto ni aquello». Comparó esa posibilidad con las restricciones que vivió en la televisión en abierto —donde, según recuerda, no se podía mostrar un inodoro ni un disparo— y, al ser preguntado si imaginaba una reinstauración del Código Hays, respondió de inmediato: «Exactamente».
Chase también mencionó proyectos que no lograron concretarse. Lamentó especialmente A Ribbon of Dreams, una serie sobre los primeros días del cine que HBO rechazó y que, según él, «podría haber sido muy buena». Asimismo, expresó interés en revivir Ultimo, una parodia de superhéroes que desarrolló antes de The Sopranos y que sigue a un joven ítaloamericano que adquiere superpoderes inconvenientes tras ingerir rocas lunares. Reconoció, sin embargo, que la idea «ya no es tan original» como cuando la concibió.
En su primera visita a Europa del Este, Chase señaló que estaría «muy abierto» a rodar algo en el continente, aunque distinguió entre filmar allí por costos y hacerlo porque «el proyecto pertenece ahí». Mencionó Francia como destino deseable para un proyecto futuro.
El dato importa más que el ruido. Lo que Chase describe no es solo la agenda de un autor prolífico: es el mapa de tensiones entre el Estado, la industria del entretenimiento y la libertad creativa. Su preocupación por la censura merece leerse con cuidado en ambas direcciones. La historia de MKUltra es, ante todo, un registro de lo que ocurre cuando el aparato estatal opera sin controles institucionales ni rendición de cuentas —una lección que no pertenece a ningún partido—. Que un creador de su trayectoria encuentre más espacio en plataformas de suscripción que en la televisión en abierto dice algo sobre dónde sobrevive hoy la libertad de expresión real: en el mercado, no en la regulación.



