El nombre de Thibaut Courtois regresa a los titulares con motivo del enfrentamiento entre España y Bélgica, pero hace seis años el guardameta belga protagonizó en España una historia de muy distinto calibre.
En 2019, Courtois y la colaboradora televisiva Alba Carrillo iniciaron un breve romance que, según ha relatado la propia Carrillo con el paso del tiempo, tuvo un origen poco romántico. Todo comenzó cuando ambos coincidieron en redes sociales y el futbolista le envió un mensaje por Instagram. Carrillo se encontraba de viaje en Nueva York con su hijo Lucas, fan declarado del portero, y fue el niño quien la animó a responder. El objetivo era uno solo: conseguir unos guantes firmados.
«A mí él me daba igual, yo quería unos guantes... ¡Y los tengo!», confesó Carrillo entre risas durante una emisión del programa El Sótano, en TEN, donde presentó los guantes, que según ella conserva con «un enorme valor sentimental» por el mensaje personal que Courtois dedicó al pequeño Lucas.
Lo que empezó como un intercambio de mensajes derivó en uno de los romances mediáticos del verano de 2019. La relación, sin embargo, no sobrevivió muchos meses. La atención constante de fotógrafos y cámaras se convirtió en un factor de tensión para Courtois, poco habituado a la prensa del corazón española. Uno de los episodios más recordados ocurrió en Boadilla del Monte, donde el portero perdió los nervios ante un paparazzi que seguía a la pareja y lanzó un cono de señalización contra el vehículo del fotógrafo; el objeto impactó en el cristal del coche, que quedó roto.
La ruptura tampoco fue tranquila. Carrillo explicó que le molestó especialmente que Courtois no desmintiera el comentario de un locutor de radio que insinuaba que quien había salido beneficiada de la relación era ella. «Me enfadé muchísimo. Le escribí, le dije de todo y al final nos bloqueamos mutuamente», relató la televisiva. Con el tiempo también señaló que el futbolista atravesaba entonces un momento delicado: recién instalado en Madrid y concentrado en el Real Madrid, la presión deportiva y la exposición mediática habrían pesado sobre una relación que apenas comenzaba.
Ninguno de los dos explicó públicamente los motivos reales de la ruptura.
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El episodio merece poco más que una nota al pie en la carrera de Courtois, pero ilustra un fenómeno recurrente: la maquinaria del entretenimiento mediático convierte cualquier vínculo entre una figura deportiva de primer nivel y una personalidad televisiva en materia de consumo masivo, con independencia de la voluntad de los implicados. El portero pagó el precio de una visibilidad para la que no estaba preparado; Carrillo, el de unas declaraciones ajenas que nunca fueron desmentidas.
El dato importa más que el ruido. Lo que quedó de aquella historia no es la anécdota sentimental, sino los guantes dedicados a un niño que admiraba a su ídolo, un gesto que Carrillo dice valorar todavía. El resto fue, como ella misma sugiere, consecuencia de circunstancias y de una exposición que ningún contrato firmó.



