Edición Globalsábado 17 de octubre de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Cultura

Cortometraje tapatío llega a Europa y Asia sin el aparato estatal detrás

«Una torreta en llamas», de Humberto Flores Jáuregui, circula por Alemania, Indonesia e Inglaterra gracias a una distribuidora colombiana privada, y compite ahora por el Ariel en la categoría de Ficción.
Imagen ilustrativa
Culturasábado 8 de agosto de 2026

Un cortometraje producido en Guadalajara ha logrado lo que la mayoría de las películas mexicanas no consigue: distribución internacional real, no anunciada en un comunicado de prensa. «Una torreta en llamas», dirigido por Humberto Flores Jáuregui, fue tomado por la compañía colombiana Bogoshorts Films, que distribuye apenas unos diez cortometrajes al año y mantiene un catálogo de casi cien títulos de ficción, documental, animación y experimental de la última década.

El corto ya fue exhibido en Indonesia, Alemania e Inglaterra, y el equipo prepara ahora su entrada al mercado asiático. El punto de partida fue su estreno en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, donde lo vieron alrededor de mil personas, según relató el propio director. Desde allí llegó a la distribuidora colombiana, que también representa al cortometraje mexicano «Chica de fábrica», de Selma Cervantes.

La pieza narra el encuentro entre un soldado herido durante un enfrentamiento y una campesina que vive en las montañas y acude a rescatarlo. El elenco está integrado por Michelle Martínez Hernández, Guadalupe Ortíz, Jesús Estrada Escobedo y Ernesto Meléndez. Flores Jáuregui reconoció que la imagen de los militares mexicanos atraviesa un momento delicado, pero subrayó que desde la escritura del guion decidió no juzgar a los personajes: «Tengo a un soldado y un halcón que es de los malos entre comillas, pero nunca juzgamos», explicó. La protagonista, según el realizador, entiende que las circunstancias llevaron a cada personaje a su lugar, sin clasificarlos en buenos o malos.

El propósito declarado del proyecto fue distanciarse de la narrativa dominante sobre violencia e inseguridad en México para explorar, en cambio, la empatía. «Queríamos algo más bien desde la empatía, de ver en el otro no nada más un peligro latente, sino una posibilidad de empatía», señaló Flores Jáuregui. El cortometraje compite por el premio Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas en la categoría de Ficción y formará parte del ciclo Rumbo al Ariel 2026, con una función en línea el próximo día 21.

Conviene mirar los incentivos. El recorrido de «Una torreta en llamas» ilustra un principio que el debate cultural mexicano suele ignorar: la distribución privada especializada, sin subsidios ni cuotas de pantalla, puede ser más eficaz que el aparato institucional para llevar contenido nacional al exterior. Bogoshorts Films selecciona diez títulos al año, opera con criterios de mercado y logra colocación real en festivales y plataformas europeas y asiáticas. El dato importa más que el ruido: mientras el Estado mexicano destina recursos a organismos de promoción cinematográfica cuyos resultados internacionales son difíciles de medir, un cortometraje tapatío alcanzó a Indonesia, Alemania e Inglaterra por la vía de una empresa privada colombiana que apuesta por la calidad del producto. La libre empresa, también en la cultura, genera los incentivos correctos.

Más sobre Cultura

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →