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Belkis Ayón y la Sociedad Secreta Abakuá llegan al Malba en sus 25 años

Siete grabados de la artista cubana, parte de la colección de Eduardo Costantini, abren una ventana a un mito africano que el régimen castrista nunca supo cómo silenciar del todo.
Imagen ilustrativa
Culturasábado 25 de julio de 2026

El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) cumple un cuarto de siglo y lo celebra con una exposición que conjuga mitología afrocubana, disidencia velada y maestría técnica: Belkis Ayón: mito y desobediencia, abierta hasta el 12 de octubre en la sede de Avenida Figueroa Alcorta 3415.

Siete grabados de la artista cubana integran la muestra, todos pertenecientes a la colección de Eduardo Costantini, fundador del museo. Cuatro de ellos ingresaron al acervo el año pasado con la adquisición de la Colección Daros Latinamerica, un conjunto de 1.233 obras de 117 artistas latinoamericanos que, según declaró Costantini a LA NACION en su momento, representó «un momento único, comparable con la inauguración de Malba».

El hilo conductor de las piezas es la Sociedad Secreta Abakuá, cofradía masculina de origen africano que llegó a América durante la trata de esclavos en el siglo XIX. Su mito fundacional gira en torno a la princesa Sikán, sacrificada tras la desaparición del pez sagrado Tanzé. «Antes de Belkis no había una representación iconográfica de ese mito», señala la curadora Nancy Rojas: la historia se había preservado únicamente por tradición oral durante generaciones.

Ayón comenzó a investigar el Abakuá siendo adolescente, cuando cursaba el tercer año de grabado en la Academia de Arte San Alejandro de La Habana. La lectura de El monte, de la antropóloga Lydia Cabrera, encendió su interés por la espiritualidad y la diversidad religiosa de origen africano en Cuba. En apenas una década desarrolló una maestría en la colografía —técnica de impresión basada en el collage de materiales sobre planchas— que asombró al mundo. En 1993 participó de la Bienal de Venecia y recibió distinciones en La Habana y en la Primera Bienal Internacional de Gráfica de Maastricht. En 1998, la XII Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe le otorgó el primer premio. Sus obras integran colecciones del MoMA de Nueva York y del Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles. Nacida en 1967, se suicidó a los 32 años.

La exposición está cocurada por Alejandra Aguado, María Amalia García y Nancy Rojas. García explica que Ayón recurrió al «camuflaje»: el uso de citas, apropiaciones y metáforas que «les permite evitar la censura, cuestionar el régimen y abordar los problemas que aquejan a los habitantes de la isla». Al incorporar figuras femeninas en escenas de una cofradía estrictamente masculina, la artista resignificó el mito para cuestionar también su carácter patriarcal.

El Malba había intentado dedicarle una muestra a Ayón en 2024, pero, según García, «distintos tipos de problemas logísticos en relación con la comunicación con la isla lo hicieron imposible». La exposición actual es, en sus palabras, «una segunda oportunidad».

Conviene mirar los incentivos. Que una institución privada —financiada por un coleccionista, no por el erario— sea el espacio donde el arte cubano de disidencia cifrada encuentra visibilidad en América Latina dice algo sobre el valor del mecenazgo independiente frente al patrocinio estatal. El régimen que Ayón sorteó con metáforas sigue en pie; el museo que exhibe su obra cumple 25 años con una colección que ningún ministerio de cultura hubiera construido con esa coherencia ni esa ambición. El dato importa más que el ruido: la libertad de empresa y la propiedad privada preservaron aquí un patrimonio que el Estado cubano habría administrado —en el mejor de los casos— con discreción selectiva.

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