Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, afirmó en declaraciones a Financial Times que prohibir los modelos de inteligencia artificial chinos en Estados Unidos no sería «una solución eficaz» para ganar la carrera tecnológica frente a China. La posición del CEO coincide con la de Microsoft, Perplexity, Mistral y Nvidia, que se han unido en defensa de los llamados modelos de pesos abiertos.
El debate tiene un trasfondo regulatorio concreto: el Gobierno estadounidense estudia prohibir el uso de esos pesos abiertos, una medida que sus promotores argumentan afectaría la accesibilidad, la ciberseguridad y el ecosistema que, según ellos, sustenta el liderazgo de Estados Unidos en IA.
Zuckerberg también alertó del riesgo de que la inteligencia artificial quede «centralizada» en manos de unos pocos grupos de gran poder, y sugirió que las empresas estadounidenses deberían enfocarse en identificar sistemáticamente los cuellos de botella que dificultan la competencia frente a firmas chinas como DeepSeek, Qwen y Kimi. Sus declaraciones llegaron después de que publicara un artículo de respaldo a los modelos abiertos en The Wall Street Journal, donde subrayó que permiten a los usuarios personalizarlos y ejecutarlos en su propio hardware.
Del otro lado del argumento, funcionarios estadounidenses citan el caso de la startup china Moonshot AI, que según CNN utilizó la técnica de «destilación» para entrenar de forma acelerada su modelo Kimi K3, acercándolo en benchmarks a modelos cerrados avanzados como las últimas versiones de ChatGPT de OpenAI y Claude de Anthropic. Las autoridades también afirman que Moonshot AI llevó a cabo un esfuerzo encubierto y a gran escala para eludir las restricciones de uso.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que los laboratorios chinos podrían ser sancionados e incluidos en la Lista de Entidades de Estados Unidos, lo que implicaría bloquear su acceso a hardware especializado y tecnología de fabricación de chips. Esa medida coincide con una de las tres propuestas formuladas por Dario Amodei, CEO de Anthropic, quien en una carta abierta planteó no vender chips potentes ni equipos de fabricación a China.
El choque de posiciones ilustra una tensión real dentro del ecosistema tecnológico americano: las empresas que compiten globalmente con modelos abiertos ven en la restricción un freno a su propio crecimiento; las que apuestan por modelos cerrados y de alta seguridad ven en la apertura una vulnerabilidad estratégica.
Conviene mirar los incentivos. Zuckerberg lidera una compañía cuya estrategia competitiva descansa precisamente en el código abierto —su familia de modelos Llama es el ejemplo más visible—, lo que otorga a su argumento tanto peso genuino como interés propio evidente. Eso no lo invalida: la historia de la innovación tecnológica sugiere que las prohibiciones amplias rara vez detienen la difusión del conocimiento y con frecuencia desplazan la competencia hacia terrenos menos favorables para quien las impone. El dato importa más que el ruido: si los laboratorios chinos ya acceden a técnicas de destilación con modelos abiertos disponibles globalmente, la pregunta relevante no es si prohibir, sino cómo acelerar la ventaja americana en la frontera donde aún existe. Esa es la discusión que Washington necesita sostener con mayor rigor.



