Volodimir Zelensky sonrió y se quedó en silencio cuando le preguntaron si Donald Trump lo estaba usando como «chivo expiatorio» por los problemas en Estados Unidos. En Bruselas, el presidente de Ucrania evitó las críticas directas al mandatario republicano, aunque dejó ver su malestar por la frase de Trump de que es «más difícil trabajar con Zelensky que con Putin».
Trump ha pedido en varias ocasiones la renuncia de Zelensky y no oculta su admiración por el presidente ruso. Zelensky, por su parte, dijo ante periodistas que le agradece a quienes intentan mantener la unidad entre Europa y Estados Unidos. También afirmó que Putin «escuchará a Estados Unidos si realmente le ejerce presión» y le deja claro que «o elige la paz o deja de recibir dinero para su guerra».
El dato más pesado, sin embargo, no fue el intercambio político sino la factura. Zelensky pidió 70 mil millones de euros, equivalentes a 78 mil 700 millones de dólares, adicionales a sus aliados europeos para financiar el esfuerzo de guerra de Ucrania el próximo año. Dijo, según el discurso que publicó en X, que la guerra costará 155 mil millones de euros el año que viene.
«Y necesitamos al menos 70 mil millones de euros más de su parte», declaró el presidente ucraniano ante los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea reunidos en una cumbre en Bruselas. También indicó, según el acta de su intervención publicada en X, que Estados Unidos debe presionar más a Moscú.
La escena deja una constante de esta guerra: Ucrania sigue dependiendo del dinero ajeno para sostener su aparato militar y político. Mientras Zelensky pide más recursos, Europa enfrenta la decisión de seguir abriendo la billetera o exigir un horizonte más claro. El conflicto no solo se mide en drones y frentes de batalla; también se mide en incentivos, en la capacidad de los aliados para sostener un compromiso financiero sin fecha de salida.
Para Bruselas, la cuestión es incómoda. Si la guerra costará 155 mil millones de euros en 2027, como dijo Zelensky, el debate ya no es solo diplomático sino presupuestario. Cada nuevo paquete de ayuda implica más dinero de los contribuyentes europeos y menos margen para otras prioridades.
Washington también queda retratado en esa tensión. Trump presiona a Zelensky y expresa preferencia por un trato con Putin que, en palabras del propio presidente estadounidense, sería menos difícil. Zelensky intenta contrapesar esa posición apelando a la unidad transatlántica y al costo político de abandonar a Kiev.
La historia sugiere cautela. Cuando una guerra se prolonga, las promesas de apoyo suelen chocar con la aritmética fiscal y con la fatiga política. Europa puede seguir hablando de solidaridad, pero al final deberá decidir cuánto de su propio equilibrio presupuestario está dispuesta a sacrificar. Y si Washington endurece su postura, el margen de maniobra de Ucrania se estrecha todavía más.
Por ahora, Zelensky busca ganar tiempo, dinero y respaldo político. Pero el precio de esa estrategia ya está sobre la mesa: 70 mil millones de euros más, en una guerra que no muestra señales de abaratarse.

