Volodímir Zelenski respondió este domingo a Donald Trump con una premisa simple: la elección del liderazgo político corresponde a los ucranianos. Lo dijo en una entrevista con ABC, después de que el mandatario estadounidense pidiera sustituir al jefe de Estado ucraniano para facilitar un acuerdo con Rusia.
Zelenski sostuvo: «Con todo respeto al presidente Trump, corresponde a nuestra sociedad, a nuestro pueblo, elija a tal o cual dirigente». Añadió que hace falta fijar un cese al fuego de 60 días para dar garantías a unas elecciones. En esa misma conversación, el presidente ucraniano dejó claro que la discusión sobre la salida política no puede separarse de la situación militar sobre el terreno.
Las fricciones entre Washington y Kiev se intensificaron después de que la administración estadounidense cuestionara las incursiones militares ucranianas contra infraestructura petrolera rusa y acusara al Ejecutivo de Kiev de evitar pactos diplomáticos. La disputa escaló además tras los ataques ejecutados por fuerzas de Kiev contra infraestructuras de diésel en territorio ruso.
Trump endureció el tono desde el exterior de la Casa Blanca. Dijo que «llegó el momento de que Ucrania tenga un nuevo presidente». También afirmó: «Le dijimos 'puedes hacer lo que quieras con Rusia, pero no ataques las refinerías', porque ese es un problema mundial que él está causando. Y quiere crear problemas para el mundo, problemas para nuestros agricultores, nuestros ganaderos, con el combustible diésel, porque Rusia suministra una gran parte del combustible diésel en todo el mundo».
Las declaraciones del presidente estadounidense llegaron tras la partida anticipada de la delegación de Kiev, que mantenía reuniones con enviados diplomáticos en Florida. Zelenski, por su parte, ya había cuestionado el viernes las conversaciones bilaterales entre la administración estadounidense y el gobierno ruso, al calificarlas de «injustas» e «impropias de un aliado».
Conviene mirar los incentivos. Trump presiona por una salida rápida y por límites a los ataques sobre infraestructura energética rusa; Zelenski insiste en que no habrá legitimidad política sin la voz de los votantes ucranianos. Entre ambas posiciones aparece un hecho incómodo para cualquier diseño de paz: la guerra ha convertido el proceso electoral en una pieza más de la negociación.
Para Ucrania, la defensa del voto es también una defensa de soberanía. Para Estados Unidos, la presión sobre Kiev revela que la ayuda y la diplomacia pueden venir acompañadas de exigencias duras. El dato importa más que el ruido: cuando Washington pide un nuevo presidente y Kiev responde con urnas, lo que está en juego no es solo un nombre, sino el margen de decisión de un país en guerra.
