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Zaliasnik queda bajo escrutinio judicial mientras el gobierno evita tomar posición

Hermosilla lo mencionó en una declaración ante Fiscalía sobre nombramientos judiciales, y Alvarado prefirió dejar el caso en manos de los tribunales. El episodio vuelve a mostrar el costo institucional de las redes de influencia en la justicia.
Imagen generada con IA
Líderesmartes 29 de septiembre de 2026

El biministro del Interior y de la Segegob, Claudio Alvarado, evitó emitir un juicio sobre la situación del embajador de Chile en Israel, Gabriel Zaliasnik, después de que su nombre apareciera en la declaración que el abogado Luis Hermosilla prestó ante la Fiscalía en una causa por eventuales irregularidades en nombramientos judiciales.

Hermosilla afirmó que Zaliasnik tenía mayor acceso que él a ministros de la Corte de Apelaciones e incluso de la Corte Suprema. También sostuvo que ambos, junto al abogado Samuel Donoso, conversaban sobre los candidatos que consideraban idóneos para asumir cargos judiciales.

Consultado por esas palabras y por los llamados de parlamentarios de oposición a que Zaliasnik deje su cargo, Alvarado respondió que los antecedentes están radicados en la justicia. «Las situaciones que afectan a personas en el ámbito de los tribunales están radicadas en esa instancia y yo por ahora no voy a emitir juicios sobre el particular y espero que los tribunales sean los que vayan resolviendo las investigaciones correspondientes», señaló.

El biministro también fue consultado sobre la posibilidad de que el gobierno llame a consulta al embajador en Israel. Dijo que quienes tienen responsabilidad de autoridad deben ponderar de manera permanente las situaciones que se presenten respecto de representantes del gobierno de Chile. Agregó que, cuando se equivocan manifiestamente, «se les llama la orden, se les llama la atención se hacen las reprimendas que corresponden».

Pero en este caso insistió en que se trata de materias que están en el ámbito de investigación penal y que corresponde a esa instancia resolverlas.

Los dichos de Alvarado se producen luego de conocerse la declaración que Hermosilla entregó el 27 de agosto ante la fiscal regional de Valparaíso, Claudia Perivancich, en el marco de la causa que indaga delitos de corrupción vinculados a nombramientos judiciales.

En su testimonio, Hermosilla dijo: «Gabriel Zaliasnik tenía más acceso que yo, a algunos ministros de la Corte de Apelaciones, incluso Suprema (...) Con Zaliasnik y Donoso conversábamos sobre quiénes eran los candidatos idóneos para asumir ciertos cargo judiciales».

Más adelante añadió: «Estas conversaciones de nombramientos las sosteníamos entre Samuel Donoso, Gabriel Zaliasnik y yo, con Héctor Mery recurrentemente y, en algunos casos también con Benjamín Salas, Andrés Sotomayor y Pablo Urquízar».

También señaló que las cortes que más les interesaban eran las de Santiago, San Miguel y Valparaíso.

A esos antecedentes se suma el testimonio del exministro de la Corte de Apelaciones de Santiago Antonio Ulloa, quien también se refirió a Zaliasnik al abordar gestiones y relaciones en torno a su llegada al tribunal capitalino. Ulloa declaró que conocía a Zaliasnik desde que era relator de la Corte de Santiago y sostuvo que «él siempre me instó a venirme a Santiago». Además, indicó que el abogado estuvo entre las personas consideradas para una comida que, según dijo, tenía como objetivo «pagar la recomendación que me habían dado».

La pieza deja una señal incómoda para el aparato estatal: cuando los nombramientos judiciales aparecen mezclados con redes de acceso y conversaciones reservadas, la confianza pública se erosiona. Conviene mirar los incentivos. Un sistema que premia la cercanía por encima del mérito abre la puerta a la captura institucional.

Por eso el punto no es solo la suerte de Zaliasnik, sino la salud de las reglas. Si las investigaciones avanzan, el costo político recaerá sobre quienes toleraron esas prácticas. Si se dilatan, el daño se extiende sobre la credibilidad de la justicia y sobre la idea básica de que los cargos deben definirse por procedimientos limpios, no por influencia personal.

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