Ursula von der Leyen volvió a poner la independencia europea en el centro del debate institucional en Estrasburgo. Ante el Parlamento Europeo, defendió «construir una Europa independiente con el poder de actuar» frente a la guerra, las presiones económicas, las amenazas híbridas y la desinformación.
La presidenta de la Comisión Europea sostuvo que la Unión ha avanzado hacia una mayor independencia económica, energética y militar. Entre los hitos que mencionó figuraron la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles rusos, el refuerzo de la política industrial y un aumento de «al menos el 80%» del gasto en defensa en los últimos cinco años.
Von der Leyen vinculó esa agenda con el apoyo a Ucrania y con la respuesta ante drones, ataques híbridos y desinformación. A su juicio, solo una Europa unida puede garantizar la soberanía y la seguridad de sus ciudadanos.
El tono del discurso fue abiertamente defensivo. La presidenta afirmó que el debilitamiento de «viejas asunciones y relaciones» ha dejado al continente ante un escenario «abiertamente hostil», en el que conviven una «guerra territorial de agresión» y una competencia global definida por la lucha por las capacidades industriales.
También advirtió sobre una «batalla de narrativas» destinada a «paralizar» las democracias del bloque. En su recuento, la presión no viene solo de fuera: mencionó a «ultranacionalistas», «antieuropeos», interferencia rusa y desinformación como actores que «odian» los valores europeos y tratan de romper la unidad.
Dentro de la Unión, la presidenta señaló problemas más prosaicos, pero políticamente explosivos: el coste de la vida, la vivienda y la velocidad del cambio tecnológico. Dijo que esas tensiones impactan en los trabajos, el sustento, las sociedades y la democracia, y alertó del «alza de lo extremo y el declive de lo matizado».
En economía, Von der Leyen reconoció dificultades pese a que, según dijo, Europa resistió la crisis de Oriente Medio mejor de lo previsto y mantiene el paro cerca de mínimos históricos. Admitió que las presiones por los costes energéticos más altos y los precios de financiación están afectando duramente a personas y empresas.
Su respuesta pasa por más capacidad propia y menos vulnerabilidad externa. Defendió medidas fiscales para garantizar la sostenibilidad de las cuentas públicas sin reducir las inversiones y dijo que «impulsar la economía europea es nuestra prioridad número uno». También pidió un mercado en el que «la innovación y la energía fluyan entre fronteras».
La energía fue uno de los ejes más concretos. Von der Leyen sostuvo que Europa no puede mantener su posición industrial con precios estructuralmente demasiado altos. Tras la reducción de las importaciones de gas ruso, citó el cierre del estrecho de Ormuz como recordatorio de la dependencia de combustibles fósiles importados, cuyo encarecimiento, dijo, ha supuesto 90.000 millones de euros adicionales desde el inicio del conflicto en Oriente Próximo.
Como salida, propuso aumentar la producción propia mediante renovables, energía nuclear, biometano y otras tecnologías. También planteó duplicar el peso de la electricidad en el consumo energético de la Unión Europea para 2040. Según dijo, eso permitiría reducir la factura de importación de combustibles fósiles en 260.000 millones de euros al año.
Además, reclamó reforzar las redes y el almacenamiento energético. Recordó que Europa instaló más de 80 gigavatios de capacidad renovable el pasado año, aunque hay un volumen seis veces mayor pendiente de conexión a la red.
La mención a Ceuta añadió una dimensión inmediata a un discurso dominado por la geopolítica. Von der Leyen se dirigió a los españoles y, de forma específica, a los ceutíes, más de un mes después de la entrada masiva de migrantes en la ciudad autónoma.
Conviene mirar los incentivos. Von der Leyen está intentando soldar una narrativa de soberanía europea en un momento en que la Unión percibe amenazas simultáneas en seguridad, energía y competitividad. La pregunta práctica es si Bruselas puede pedir más integración, más gasto y más disciplina fiscal al mismo tiempo sin multiplicar la carga sobre empresas y contribuyentes.
El dato importa más que el ruido: la dependencia energética sigue siendo el talón de Aquiles del bloque, y la respuesta propuesta vuelve a pasar por inversión, redes y capacidad industrial. Si la UE quiere autonomía, necesitará menos retórica y más resultados verificables. Y eso, como siempre, se medirá en costes, tiempo y ejecución.

