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Una nueva carrera por los ovnis enfrenta a Estados Unidos, China y Rusia

Eric Burlison advierte que Washington podría ceder una victoria propagandística si no cumple sus promesas de transparencia sobre ovnis y posible evidencia de vida extraterrestre. En juego está quién controla primero la narrativa pública sobre uno de los misterios más sensibles para la confianza ciudadana.
Estados Unidosdomingo 11 de octubre de 2026

Estados Unidos, China y Rusia podrían entrar en una nueva carrera, no por armas nucleares, sino por quién revela primero lo que sabe sobre los ovnis. Esa es la advertencia de Eric Burlison, representante republicano por Misuri, quien teme que la Casa Blanca entregue a sus rivales una victoria propagandística si no avanza en su promesa de transparencia.

Burlison dijo que sería «un error» porque demostraría algo al público estadounidense. «Se supone que somos el país más transparente del mundo con sus ciudadanos y, si otro país puede ser más transparente que Estados Unidos sobre este tema, sería una mancha en nuestro legado, por lo demás impecable, de transparencia», afirmó.

El legislador sostiene que la cuestión no es solo de curiosidad pública, sino de credibilidad institucional. Conviene mirar los incentivos: si Washington promete aperturismo y no lo cumple, deja espacio para que otros gobiernos ocupen el vacío con su propia versión de los hechos. En temas de seguridad y misterio, la confianza importa tanto como la información.

La posibilidad de una competencia diplomática no se limita a las grandes potencias. Aldo Rebelo, ex candidato presidencial y ex ministro de Defensa de Brasil, dijo que su país publicaría sus propios expedientes si Estados Unidos hiciera públicos los registros sobre el supuesto choque ovni de 1996 en Varginha. La presión por revelar archivos, por tanto, podría expandirse más allá del eje Washington-Pekín-Moscú.

Burlison añadió que una divulgación por parte de un país extranjero podría ayudar a corroborar información ya publicada por Estados Unidos. Según dijo, si otro gobierno valida lo que Washington haga público, aumentaría la confianza de los estadounidenses y ayudaría a disipar la idea de que se trata de una campaña de desinformación o de una broma.

En ese punto aparece el verdadero dilema político: la transparencia como activo de Estado o la opacidad como refugio burocrático. Si la administración Trump no concreta sus promesas, el coste no se mediría solo en reputación, sino en la erosión de una ventaja institucional que Estados Unidos dice defender frente a sus rivales.

Las implicaciones serían todavía más serias si resultaran ciertas las afirmaciones de que potencias rivales ya poseen naves estrelladas. David Grusch, denunciante que antes trabajó como colaborador de Burlison, dijo recientemente en el pódcast de Joe Rogan que tanto Rusia como China están en posesión de ovnis siniestrados. Esa afirmación no está verificada en las fuentes aquí disponibles, pero ayuda a explicar por qué el pulso político alrededor del tema ha escalado.

China, por su parte, ha reconocido públicamente que investiga avistamientos de ovnis y que usa inteligencia artificial para mejorar su comprensión de esas observaciones, según reportó el South China Morning Post en 2021. En paralelo, George Knapp publicó en febrero un conjunto de documentos sobre Rusia que, según él, sacó de la URSS en 1991; esos papeles apuntan a que los soviéticos investigaron miles de reportes sobre ovnis mientras negaban oficialmente su existencia.

La historia sugiere cautela. Cuando la transparencia se vuelve competición entre Estados, el resultado no siempre es claridad, sino otra forma de propaganda. Para Washington, la cuestión de fondo no es si hay vida extraterrestre. Es si el Estado puede sostener su promesa de apertura sin quedar rezagado frente a sus rivales en un terreno donde la confianza pública es el premio más valioso.

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