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Una estatua de Trump desnudo irrumpe en el Parlamento Europeo como aviso sobre el orden global

La obra del danés Jens Galschiøt, exhibida en Estrasburgo por iniciativa de Per Clausen, busca denunciar el riesgo que, a juicio del artista, Trump supone para la seguridad y el orden internacionales. La instalación reabre el debate sobre la fragilidad de las instituciones cuando la política exterior se convierte en espectáculo.
Europamartes 6 de octubre de 2026

Una estatua dorada de Donald Trump, desnudo y montado a hombros de otro hombre, se exhibirá esta semana en la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo, según EFE. La pieza, obra del artista danés Jens Galschiøt, llegó a la Eurocámara por iniciativa del eurodiputado de la izquierda danesa Per Clausen.

La escultura, titulada «Plaga Naranja», ya había sido mostrada en la última cumbre del clima de Naciones Unidas en Brasil y en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Según Galschiøt, la obra pretende denunciar el riesgo que, a su juicio, el dirigente estadounidense supone para el orden y la seguridad globales.

La estatua mide dos metros y medio con su soporte y está hecha de cobre y recubierta de oro de 23 quilates. Muestra a Trump con los ojos cerrados, sosteniendo en una mano la balanza asociada tradicionalmente con la justicia y apoyándose con la otra en un palo de golf que llega hasta el suelo.

El estadounidense aparece subido a hombros de otra persona que lo sostiene con aparente dificultad. En el soporte figura una frase: «Estoy sentado en la espalda de un hombre. Se está hundiendo bajo mi peso. Haré todo lo que pueda para ayudarlo menos bajarme de su espalda».

Galschiøt dijo a EFE que Trump es «un problema para el mundo porque está destruyendo la manera en la que pensamos en Occidente». Añadió que tiene problemas en China y que a sus amigos chinos les explica que en Occidente se respeta «la libertad de expresión o la propiedad privada», pero que Trump ha destruido eso. También vinculó la obra con «la imagen del mundo en este momento, los súper estados aplastando a los pequeños, gente poderosa y gente sin poder».

El escultor aventuró que «el hombre pequeño» que sostiene a Trump podría ser la Unión Europea. La pieza estará expuesta durante esta semana de pleno del Parlamento Europeo en uno de los puntos de paso más concurridos de la sede parlamentaria, donde funcionarios, asistentes y periodistas podían llevarse hoy una miniatura impresa en tres dimensiones.

Conviene mirar los incentivos. Que una obra así ocupe un lugar visible en la Eurocámara no cambia por sí mismo la política de Estados Unidos ni la de Europa, pero sí revela una sensibilidad en Bruselas: cuando las instituciones se sienten débiles, el gesto simbólico suele suplir a la estrategia. La imagen de Trump convertido en objeto artístico funciona como denuncia, pero también como síntoma de una élite que sigue procesando la política exterior en clave moral y performativa.

El dato importa más que el ruido. Aquí lo verificable es que un eurodiputado de la izquierda danesa promovió la exposición de una pieza que, según su autor, pretende señalar el choque entre poder, seguridad y libertad. Lo demás es interpretación, pero no por ello irrelevante. Si la Unión Europea desea ser algo más que el hombre pequeño de la escultura, necesita menos teatro y más capacidad real para defender sus intereses, sus instituciones y la libertad económica que dice valorar.

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