Edición Globalsábado 17 de octubre de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Estados Unidos

Un exfuncionario de la Fed cae por espionaje, mentiras y chantaje sexual

John Harold Rogers fue condenado por falsear declaraciones y terminó en prisión tras un caso que, según los fiscales, mezcló contactos con una presunta espía china, fotos íntimas y presiones sobre información de la Reserva Federal.
Imagen generada con IA
Estados Unidosjueves 1 de octubre de 2026

John Harold Rogers, de 65 años, fue arrestado por agentes del FBI en enero de 2025 en su vecindario del área de Washington cuando paseaba a su perro, días antes de un viaje planeado a China con su esposa y su hija. En julio fue sentenciado a 38 meses de prisión federal tras ser absuelto de conspirar para cometer espionaje económico, pero condenado por hacer declaraciones falsas a investigadores.

Rogers fue durante años un economista de alto rango en la Reserva Federal. Según CNBC, había ocupado el cargo de asesor sénior que supervisaba investigación en la división internacional de finanzas del banco central, una posición sensible dentro de una institución poderosa. Conviene mirar los incentivos: cuando un funcionario con acceso privilegiado entra en una red de contactos opacos, el costo institucional puede extenderse mucho más allá de su caso personal.

El expediente, según la versión recogida por CNBC, comenzó a enredarse en 2013, cuando Rogers conoció a Hummin Lee en una conferencia en Shanghái patrocinada por el Banco de la Reserva Federal de Dallas. Lee era un alias de Jin Chuan, a quien las autoridades identificaron como un operario de inteligencia chino, de acuerdo con el FBI. Lee fue ganando espacio en la vida de Rogers con regalos, gestiones académicas en China y apoyo para que mantuviera una relación con Yu Liu, conocida como Yu Yu, una mujer de Shanghái que Rogers conoció en AsianDating.com a fines de 2016.

La relación con Yu Yu avanzó rápido. Lee organizó viajes para que la pareja pudiera verse y ayudó con gastos de viaje. Yu Yu quedó embarazada durante la segunda visita de Rogers y, poco después, el economista propuso matrimonio, según CNBC. Más tarde, Lee intervino cuando el esposo de Yu Yu pidió 80.000 yuanes, unos 12.000 dólares, para firmar los papeles del divorcio.

Rogers y Yu Yu se casaron en Hong Kong en marzo de 2018. Lee ayudó a organizar la boda, firmó el acuerdo prenupcial como testigo y después acompañó a la pareja al hospital para el nacimiento de su hija. El propio Rogers dijo: «El bebé no habría ocurrido, la relación con mi esposa no habría ocurrido […] Y lo amo como a un hermano».

Al mismo tiempo, Lee presionaba a Rogers por información sobre la Reserva Federal, incluidas preguntas sobre la política monetaria de Estados Unidos, China y las opiniones comerciales de la administración Trump. Rogers más tarde compartió materiales de la Fed con Lee, aunque sus abogados discutieron si esa información era sensible o si se divulgó de forma impropia, según CNBC.

La situación personal de Rogers también se deterioró. Yu Yu lo acusó de ver a otras mujeres y, más tarde, otra mujer se mudó a su casa en Virginia, según CNBC. Las dos mujeres llegaron a una pelea física. Después, Rogers volvió a buscar compañía en línea, intercambió mensajes en Instagram con cuentas que mostraban mujeres atractivas y envió fotos desnudo desde su teléfono de la Fed, incluidas imágenes tomadas en la sede del banco central.

Quienes estaban detrás de esas cuentas empezaron a exigir dinero y amenazaron con enviar las fotos a un alto funcionario de la Fed y con secuestrar a la hija pequeña de Rogers. Ese chantaje llevó a Rogers a avisar a funcionarios de la Fed en 2020 y abrió una investigación más amplia sobre sus contactos con China.

Cuando los investigadores le preguntaron si alguna vez había compartido información restringida de la Fed fuera del banco central, Rogers respondió: «Nunca». Más tarde, los fiscales dijeron que eso era falso. Su abogado, Jonathan Gitlen, dijo a CNBC: «El Dr. Rogers niega las acusaciones tal como se exponen en la acusación formal. El Dr. Rogers tendrá más comentarios en una fecha posterior».

Jeanine Pirro, fiscal de los Estados Unidos en Washington, cuyo despacho procesó a Rogers, dijo en un comunicado que «John Rogers pasó años filtrando en secreto información sensible de la Reserva Federal a espías chinos, y luego miró a los investigadores a los ojos y les mintió al respecto. Y cuando eso no fue suficiente, mintió otra vez bajo juramento en el juicio».

El caso deja una advertencia incómoda para cualquier gran aparato estatal: la opacidad, los accesos privilegiados y la debilidad de los controles crean incentivos perversos. Cuando el dinero público, la seguridad institucional y la reputación de una entidad como la Fed quedan atrapados en una trama de engaño, el costo lo termina pagando el contribuyente y la credibilidad del sistema.

La historia sugiere cautela. No basta con castigar al individuo cuando el daño ya ocurrió; también importa reducir las oportunidades para que una burocracia sensible se vuelva vulnerable a la manipulación, el chantaje y el secreto. En un entorno de rivalidad con China, la disciplina institucional no es un lujo. Es una condición mínima de soberanía.

Más sobre Estados Unidos

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →