La sugerencia de Donald Trump de que Ucrania reemplace a Volodímir Zelenski ha encontrado poco apoyo en el país, mientras Washington presiona para que Kiev detenga los ataques contra refinerías rusas. La respuesta ucraniana ha sido clara: no habrá concesiones unilaterales mientras Rusia siga golpeando su red eléctrica.
Este domingo, Trump anunció en redes sociales un «alto el fuego energético» con efecto inmediato entre Rusia y Ucrania, y aseguró que ambas partes habían acordado frenar los ataques contra instalaciones energéticas. Zelenski reaccionó con sorpresa, dijo que esperaba más detalles y subrayó que Ucrania apoya la tregua y aguarda la decisión de Rusia.
Antes de eso, Zelenski había dicho que Ucrania estaría dispuesta a detener los ataques contra refinerías rusas si Rusia deja de atacar la infraestructura energética ucraniana. También sostuvo que cualquier desescalada debe ser mutua y estar respaldada por garantías reales. En entrevista con ABC News, añadió que está dispuesto a celebrar elecciones si Estados Unidos ayuda a conseguir un alto el fuego de 60 días que garantice la seguridad de la votación.
Ninguna fuerza política importante en Ucrania ha respaldado el llamamiento de Trump para sustituir a Zelenski. La mayoría de los ucranianos sigue apoyando que las elecciones se celebren solo después del fin de la guerra. Los niveles de confianza en Zelenski se mantienen en 53 %, y una encuesta reciente le atribuye 22,9 % de intención de voto en una primera vuelta hipotética, frente a 20,2 % del excomandante en jefe Valeri Zaluzhni.
En las calles, la guerra sigue imponiendo su lógica. El domingo hubo cortes de electricidad de emergencia en Kiev tras un nuevo ataque ruso. Nuevos ataques rusos mataron a una mujer en Járkov y dejaron a toda la ciudad de Rivne sin electricidad, mientras el número de muertos por el ataque del sábado en Zaporiyia ascendió a 23.
Ucrania tampoco tiene margen ilimitado para la complacencia diplomática. El país sigue dependiendo de los suministros estadounidenses de inteligencia militar y munición antiaérea. Al mismo tiempo, no se puede descartar que Estados Unidos estreche más sus lazos con Rusia, advirtió Volodímir Dubóvik, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Mechnikov de Odesa.
Dubóvik defendió además que Ucrania no puede dejar de atacar la infraestructura energética rusa si quiere mantenerse en la lucha contra Rusia, y describió esos ataques asimétricos, en particular contra las refinerías de petróleo, como la «única oportunidad» del país. Recordó también que Trump había elogiado antes esos mismos ataques y el papel de Zelenski en ellos.
Andri Klimenko, jefe del grupo de monitoreo del Instituto de Investigación Estratégica del Mar Negro, dijo que el volumen de petróleo crudo exportado por Rusia a través del mar ha disminuido por los ataques ucranianos contra petroleros e infraestructuras. En septiembre, Rusia exportó casi un 20 por ciento menos de petróleo que en junio: 22,1 millones de toneladas frente a 27,5 millones de toneladas.
Las autoridades de Kiev siguieron coordinando su postura con socios internacionales. Zelenski habló el domingo con Mark Rutte, Mark Carney, Alexandr Stubb y Donald Tusk. Maksim Zhorin, subcomandante del Tercer Cuerpo del Ejército ucraniano, escribió en Telegram que la mejor respuesta europea a las «vergonzosas» acciones de Trump no debería ser la condena diplomática, sino un aumento de la asistencia militar a Ucrania.
La historia sugiere cautela. Conviene mirar los incentivos: Kiev acepta discutir una tregua solo si hay reciprocidad, mientras Rusia mantiene la presión militar y Washington intenta reordenar la negociación desde fuera. En ese marco, la pregunta central no es quién domina el titular del día, sino qué actor paga el costo de ceder primero.
Para los mercados y para la seguridad europea, la señal es incómoda. Si la presión recae sobre la parte que aún depende de apoyo externo, el incentivo para prolongar la guerra crece. Y cuando la diplomacia no se apoya en verificaciones ni en garantías reales, el resultado suele ser más coerción, no más paz.

