Donald Trump afirmó este sábado que está sopesando la posibilidad de lanzar ataques contra los hutíes yemeníes en respuesta a los últimos ataques contra territorio saudí.
Desde la base de Andrews, al ser preguntado por si se sumaría a los ataques saudíes contra los hutíes, respondió: «Puede ser. Vamos a estudiarlo». Añadió: «Acabo de enterarme del último ataque. Vamos a tomar una decisión. Nos movemos muy rápido».
Trump también fue interrogado sobre la posibilidad de nuevos ataques contra Irán y sobre si los aplazaría hasta después de las elecciones de medio mandato de noviembre. «Vamos a estudiarlo», respondió.
En cuanto al conflicto en general con Irán, aseguró que «podemos terminarlo muy rápidamente» y añadió: «No saben lo buenos que hemos sido con ellos».
Más tarde, durante un acto de campaña en Tennessee, Trump declaró además que los iraníes «están locos». Dijo: «Los iraníes dicen 'vamos a matar a todos', 'a todos'. También dicen 'Alabado sea Alá, alabado sea Alá'. Yo digo 'Chico, estás locos'». Después agregó: «Son un país de lunáticos. Lo saben. Se lo digo siempre. Les digo 'estáis compleamente locos'».
Conviene mirar los incentivos. Cuando un presidente estadounidense habla de estudiar ataques y de posibles represalias, no solo envía un mensaje militar: también fija expectativas en aliados, rivales y mercados sobre la disposición de Washington a usar la fuerza. En un orden internacional ya tensionado, esa señal pesa tanto como cualquier comunicado.
La pregunta de fondo es quién paga el costo de una nueva escalada. Si Washington decide intervenir, el dinero de los contribuyentes y la credibilidad estratégica vuelven a quedar atados a un conflicto en el que la salida rápida suele prometerse más de lo que luego se entrega. El dato importa más que el ruido: aquí el dato es que Trump no cerró la puerta a nada.


