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Trump presiona a Zelensky mientras Rusia prepara una nueva ofensiva de invierno

La relación entre Kiev y Washington se deteriora mientras Estados Unidos limita apoyos y Moscú se prepara, según un documento ruso interceptado, para atacar infraestructura eléctrica ucraniana. Conviene mirar los incentivos: el costo inmediato recae sobre Ucrania y sobre la estabilidad energética de Europa.
Imagen generada con IA
Internacionalviernes 16 de octubre de 2026

Donald Trump calificó de «vergüenza» la reanudación de ataques de Ucrania contra refinerías de petróleo rusas y criticó a Volodymyr Zelensky tras el fracaso de la tregua energética entre Moscú y Kiev.

Ucrania reanudó esos ataques después de que Zelensky declarara que Kiev abandonaba el alto el fuego declarado unilateralmente por Trump el domingo, tras una breve suspensión de su ofensiva para mostrar disposición a conversar. Al mismo tiempo, el Kremlin continuó sus bombardeos contra centrales eléctricas ucranianas.

En una entrevista con Newsmax emitida el jueves, Trump dijo que «lo único que [Zelensky] está haciendo es encarecer el precio mundial del petróleo» y añadió que disparar contra refinerías de diésel no le hace «un buen servicio al mundo». También dijo: «No soy muy fan de Zelensky» y sostuvo que le parece «más difícil de tratar que Putin».

Las relaciones entre Ucrania y Estados Unidos se han deteriorado después de que Trump culpara a los ataques ucranianos contra refinerías rusas del aumento de los precios mundiales del combustible, algo que ha sido desmentido por expertos, que lo adjudican a la guerra de EE.UU. contra Irán, y su equipo amenazara con cortar apoyo de inteligencia y envíos de armas si Kiev no detenía los bombardeos.

Posteriormente, EE.UU. anunció un acuerdo que permitía a Moscú exportar combustible diésel a Estados Unidos y otros mercados, a pesar de las sanciones impuestas por la invasión a gran escala de Ucrania. Días después, el 11 de octubre, Trump anunció unilateralmente una tregua energética entre Rusia y Ucrania, lo que tomó por sorpresa a funcionarios ucranianos.

Zelensky criticó el acuerdo y dijo que permitiría a Rusia continuar su invasión a gran escala de Ucrania. La Casa Blanca, además, restringió los servicios de Starlink en Ucrania, lo que en la práctica paralizó misiones de ataque con drones y defensas aéreas, según el relato difundido. Reuters, citando a dos funcionarios estadounidenses, informó que la orden de limitar el sistema satelital provino desde dentro de la Casa Blanca.

Zelensky confirmó este viernes que Starlink empezaba a recuperar velocidad y aclaró que nunca llegó a desconectarse completamente en Ucrania. Durante una visita a Londres, dijo que la restricción le había hecho sentir personalmente traicionado por Trump y lamentó perder a un socio.

El episodio ocurre mientras Rusia, según un documento ruso interceptado presentado por el ministro de Energía ucraniano, Denys Shmyhal, a socios europeos y obtenido por The New York Times, planea una campaña para sumir a las principales ciudades de Ucrania en la oscuridad y el frío este invierno.

Ese plan prevé el uso de hasta 1.000 misiles, drones y bombas contra centrales eléctricas, subestaciones e instalaciones de agua. Kiev, Kharkiv y Odesa figuran como objetivos prioritarios. El texto también describe ataques a subestaciones que conectan las tres centrales nucleares operativas de Ucrania a la red, lo que podría obligarlas a desconectarse.

The New York Times dijo que no pudo verificar de forma independiente ese documento. CNN informó, además, que Ucrania se ha quedado sin misiles para el sistema Patriot de fabricación estadounidense, lo que la deja más vulnerable a ataques con misiles balísticos rusos. Frente a ese escenario, los líderes de la UE se comprometieron a mantener las sanciones contra Rusia y a sostener su apoyo a Kiev.

La historia sugiere cautela. El dato importa más que el ruido: mientras Washington presiona a Kiev y flexibiliza el trato con Moscú, el país invadido depende más que nunca de una cadena de suministros militares, energía e inteligencia que puede alterarse con una sola decisión política.

Para Europa, el riesgo es doble. Por un lado, la guerra de infraestructura sigue golpeando a Ucrania; por el otro, cualquier giro en Washington reordena los incentivos de aliados y adversarios. Cuando el poder de negociación se mueve desde las capitales hacia los despachos, la factura suele pagarla primero quien tiene menos margen: el contribuyente, el usuario de energía y el país que defiende su territorio.

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