Donald Trump desmintió este lunes haber ofrecido a Irán el levantamiento de las sanciones económicas o el desbloqueo de fondos congelados a cambio de compromisos sobre su programa nuclear.
El presidente de Estados Unidos calificó de «falsa» una versión divulgada por Axios, que citaba fuentes gubernamentales no identificadas, y rechazó haber planteado incentivos financieros a Teherán en el marco de conversaciones indirectas sostenidas la semana pasada al margen de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas.
«Axios acaba de publicar una historia según la cual ofrecí a Irán el levantamiento de sanciones y de fondos congelados. Esto es falso. ¡No les ofrecí NADA!», escribió Trump en Truth Social.
Las declaraciones coinciden con la agenda de contactos que sostenía en Nueva York el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abás Araqchi, junto a mediadores de Qatar, para evaluar la viabilidad de restablecer la mesa de negociación formal interrumpida tras el colapso del protocolo de acuerdo en junio pasado.
La agencia estatal iraní IRNA dijo que no existen reuniones formales programadas de forma inmediata con la delegación norteamericana y supeditó cualquier avance a la suspensión previa de las medidas de presión militar e industrial impuestas por Washington sobre la República Islámica.
El cruce de versiones ocurre en un escenario de extrema tensión militar en Oriente Medio desde el estallido del conflicto armado en febrero. Ese conflicto mantiene semiparalizado el tránsito por el estrecho de Ormuz, canal por donde circulaba aproximadamente una quinta parte de los suministros globales de petróleo.
Trump también desestimó previamente una propuesta formulada por el gobierno iraní para reabrir la vía marítima en un plazo de siete días a cambio del cese del bloqueo naval estadounidense sobre sus puertos. Aun así, insinuó que los canales de comunicación diplomáticos podrían mantenerse activos durante los próximos días.
Conviene mirar los incentivos. La Casa Blanca niega haber cedido y Teherán condiciona cualquier avance a un alivio previo de la presión. Entre ambos, la negociación sigue abierta, pero bajo una lógica de fuerza que reduce el espacio para concesiones visibles.
Para los mercados, el dato importa más que el ruido: el estrecho de Ormuz sigue en el centro de la ecuación energética. Cuando una ruta por la que pasaba aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial queda semiparalizada, el orden internacional se vuelve más frágil y el costo de la incertidumbre se extiende más allá de Washington y Teherán.
En ese contexto, la firmeza tiene un mérito político, pero también un precio económico. La presión sostenida puede sostener la posición de Estados Unidos, aunque al mismo tiempo prolonga la tensión sobre una vía estratégica para el comercio global. La historia sugiere cautela: sin reglas claras y verificables, la diplomacia queda a merced de comunicados, filtraciones y represalias.


