Donald Trump dijo este miércoles, 7 de octubre, que Estados Unidos no cree que la muerte de una empleada de laboratorio que investigaba sobre la peste en Rusia esté relacionada con un arma biológica.
«Lo sabremos muy pronto, pero no lo pensamos», dijo Trump a los periodistas en el Despacho Oval, cuando le preguntaron por esa hipótesis.
El caso se centra en una mujer de 28 años empleada en un instituto de investigación sobre la peste en la región de Irkutsk, en Siberia. El medio ruso People of Baikal informó el pasado viernes que había muerto a causa de la enfermedad, posiblemente tras contraerla por un tubo de ensayo roto.
Trump reiteró que tiene programada una llamada telefónica con Vladimir Putin sobre el tema, aunque no quiso decir cuándo. También recordó que hoy es el cumpleaños de Putin.
Estados Unidos, la Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud han pedido a Rusia que sea transparente sobre la situación. La portavoz de la Comisión Europea, Eva Hrncirova, exigió información «rápida y transparente».
Moscú afirmó el miércoles que no existe «ningún riesgo epidémico» y advirtió contra la difusión de «información falsa» tras informes de un segundo caso sospechoso. El portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, pidió que solo se dé crédito a las declaraciones de la agencia rusa de salud pública.
Las autoridades rusas comunicaron además que no han registrado ningún caso de peste pulmonar en el óblast de Irkutsk ni han detectado «patógenos de alto riesgo» entre los contactos de la investigadora fallecida, una vez concluida la observación médica de todos ellos.
Rospotrebnadzor señaló que se registran 16.000 casos de infecciones respiratorias virales cada semana en la región de Irkutsk y que no se ha observado ninguna tendencia al alza en las últimas dos semanas.
La historia sugiere cautela. Conviene mirar los incentivos: Moscú tiene interés en rebajar la alarma, mientras Washington y Bruselas exigen más información para evaluar si hay un problema sanitario o una crisis de transparencia.
El dato importa más que el ruido. Si Rusia dice tener la situación controlada, el costo político de ocultar información sería mayor que el de reconocerla con claridad. En casos así, la confianza pública depende menos de las versiones cruzadas que de la evidencia verificable y del acceso rápido a los hechos.

