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Trump descarta apoyo de China y Rusia a Irán y subraya el costo de desafiar a Washington

El presidente estadounidense dijo que Beijing y Moscú «tienen demasiado que perder» como para ayudar a Teherán. En paralelo, habló con Mohamed bin Salman sobre los hutíes y la presión sobre Arabia Saudita.
Imagen generada con IA
Estados Unidosmartes 13 de octubre de 2026

Donald Trump descartó que China y Rusia estén ayudando a Irán en el conflicto abierto tras la ofensiva lanzada en febrero por Estados Unidos e Israel contra Teherán.

En mensajes publicados en su plataforma Truth Social, el presidente afirmó que ambas potencias «tienen demasiado que perder» como para arriesgarse a ese tipo de colaboración. «Si lo están haciendo, es a un nivel muy bajo, pero no creo que lo estén haciendo en absoluto», escribió. También sostuvo que, si Beijing y Moscú prestaran ese apoyo, «lo sabríamos, y lo sabríamos muy rápido».

La declaración retomó una postura que Trump ya había expresado en julio, cuando negó que China y Rusia vendieran armas a Teherán y advirtió que «sería muy malo para ellos» si lo hicieran. Según la cobertura, Trump ha mantenido históricamente un tono más deferente hacia Xi Jinping y Vladímir Putin que hacia los aliados de Washington, al argumentar que deben ser respetados como líderes de grandes potencias mundiales.

El mismo día, el mandatario confirmó que habló con Mohamed bin Salman sobre los ataques de los hutíes de Yemen, respaldados por Irán, contra territorio saudí. Trump dijo ante la prensa en Washington que los hutíes «se están portando muy mal. Se están portando muy mal. Nada bien».

La conversación no es un detalle menor. Arabia Saudita lidera una coalición militar contra los hutíes en respaldo del gobierno yemení internacionalmente reconocido, y enfrenta en los últimos meses algunos de los ataques más mortíferos de los últimos años, según la cobertura. Conviene mirar los incentivos: cuando una potencia regional y su aliado estadounidense endurecen el lenguaje, la señal que envían es que el costo de escalar puede subir rápido.

Entre el viernes y el domingo, los insurgentes atacaron el Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad. La cobertura señala que al menos 17 personas murieron y alrededor de 300 resultaron heridas. Como medida de precaución, las autoridades saudíes extendieron el cierre de la terminal hasta el próximo sábado, con efecto sobre todo el tráfico aéreo en un radio de nueve kilómetros alrededor de la instalación.

La tensión entre Riad y los hutíes recrudeció a mediados de julio, cuando los rebeldes acusaron a Arabia Saudita de bombardear el aeropuerto de Saná, capital de Yemen bajo control hutí desde 2014, para impedir el aterrizaje de un avión iraní. La escalada ha multiplicado el valor estratégico de rutas y puntos de paso en la región.

Según informó en septiembre Axios, Bin Salman le pidió a Trump que atacara a los hutíes, en un momento en que el grupo se aproximaba a un punto estratégico del mar Rojo cercano al estrecho de Bab al Mandeb, paso de vital importancia para el comercio mundial. El dato importa más que el ruido: la disputa no solo enfrenta a gobiernos y milicias, sino a intereses de seguridad, navegación y capacidad de disuasión.

Para Washington, el mensaje de Trump busca proyectar fortaleza y disuadir cualquier ayuda externa a Irán. Para sus adversarios, deja claro que la Casa Blanca está midiendo no solo la violencia en el terreno, sino también el costo geopolítico que China y Rusia asumirían si se acercaran demasiado a Teherán.

La historia sugiere cautela. Cuando el conflicto regional se cruza con el cálculo de grandes potencias, el margen para la improvisación se estrecha. Y en ese tablero, los contribuyentes de Estados Unidos terminan financiando una política exterior que debe demostrar resultados, no solo lenguaje duro.

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