WASHINGTON.– Donald Trump afirmó que Estados Unidos no atacará a Irán antes de las elecciones de medio término del 3 de noviembre. Lo escribió en Truth Social. También dijo que sostendrán conversaciones «productivas» con la República Islámica de Irán.
El mensaje llega acompañado de una advertencia económica. Trump sostuvo que el bloqueo estadounidense permanecerá «en pleno vigor y efecto». Añadió que 22 millones de barriles de petróleo pasaron la noche del miércoles por el estrecho de Ormuz, pero ninguno hacia o desde Irán. Y remató con una consigna tajante: «¡IRÁN NO TENDRÁ UN ARMA NUCLEAR!».
La lectura de mercado es más inquietante que la retórica. El Financial Times informó que los flujos petroleros a través del estrecho de Ormuz disminuyeron drásticamente en los últimos días. Según datos preliminares, cuatro millones de barriles atravesaron esa vía el martes, menos que el promedio semanal de 15 millones de barriles diarios a finales de septiembre.
La importancia del estrecho es conocida. Antes de que Estados Unidos e Israel iniciaran su campaña militar conjunta contra Irán el 28 de febrero, un promedio de 21,6 millones de barriles de petróleo pasaron diariamente por esa ruta en el último trimestre de 2025. Eso representaba alrededor de una quinta parte del consumo petrolero mundial, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.
Trump ha cambiado de posición pública sobre el calendario electoral durante el último mes. El 2 de septiembre, mientras Estados Unidos intercambiaba fuego con Irán por primera vez en semanas, dijo que las elecciones no lo «afectaban». Añadió que él no figuraba en las boletas, aunque tenía la intención de ayudar a su partido.
Una semana más tarde, antes de dirigirse a la convención republicana en Dallas, fue más explícito. Dijo que esperaba que la guerra terminara casi inmediatamente después de la votación. También acusó a Teherán de resistir con la esperanza de que un cambio de poder en el Congreso le dejara vía libre para desarrollar armas nucleares.
Las encuestas ya habían mostrado el costo político de la escalada. Una encuesta de Reuters/Ipsos de finales de septiembre reveló que solo alrededor de un tercio de los estadounidenses aprobaba los ataques contra Irán. También mostró que el nivel de aprobación de Trump entre los republicanos había descendido del 82% al 73% en una semana.
Mientras tanto, Moscú busca capitalizar la crisis. Vladimir Putin mantuvo conversaciones con su homólogo iraní, Massoud Pezeshkian, y prometió «hacer todo lo posible» para ayudar a poner fin al conflicto en Medio Oriente. Antes de una cumbre regional en Turkmenistán, dijo: «Estamos dispuestos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para contribuir a la resolución de esta situación».
Putin añadió que Irán había realizado «esfuerzos reales para poner fin a la guerra». También destacó la «evolución positiva» de las relaciones entre Irán y Rusia, que han reforzado sus vínculos diplomáticos y militares desde que Moscú lanzó su ofensiva en Ucrania en febrero de 2022.
Conviene mirar los incentivos. Trump quiere reducir el costo político inmediato sin renunciar a la coerción. Mantiene la presión sobre Teherán y deja abierta la puerta a una negociación bajo amenaza. Esa combinación puede servirle en campaña, pero también prolonga la incertidumbre sobre una ruta marítima vital para el comercio mundial.
Para los mercados, la señal es clara: no hay desescalada real, solo una pausa táctica. Para los contribuyentes estadounidenses, la factura potencial de otra aventura militar sigue ahí. Y para la estabilidad internacional, el estrecho de Ormuz vuelve a quedar como recordatorio de que la energía, la fuerza y la política electoral siguen entrelazadas.


