Pekín activó este martes el segundo nivel más alto de respuesta de emergencia. El detonante: las lluvias asociadas a los restos del tifón Dolphin, que amenazan con descargar más de 200 milímetros diarios en algunas zonas de la capital.
La respuesta de nivel II entró en vigor a las 09.00 hora local. Las precipitaciones se intensificarán desde la tarde del martes y se prolongarán hasta el jueves, según el servicio meteorológico de Pekín.
Las cifras son contundentes. La mayor parte de la capital podría acumular más de 100 milímetros en seis horas. En 24 horas, el umbral podría superar los 150 milímetros. En siete zonas —entre ellas los distritos de Fangshan, Daxing y Tongzhou— la marca diaria podría rebasar los 200 milímetros.
Las autoridades ordenaron evacuar antes de las 18.00 locales a los residentes expuestos a inundaciones y deslizamientos. Las obras quedaron suspendidas. Los campamentos y lugares turísticos de montaña, cerrados. A partir del miércoles, Pekín habilitará horarios laborales flexibles y posibles suspensiones de clases. Hospitales, estaciones de metro y centros para mayores están bajo vigilancia reforzada.
El Centro Meteorológico Nacional dejó de clasificar a Dolphin como tifón este martes a las 17.00 locales. El sistema había permanecido activo durante 15 días y tres horas. Recorrió unos 7.100 kilómetros desde su formación el 27 de julio. Aun así, el organismo advirtió que sus efectos continuarán sobre las cuencas de los ríos Amarillo y Huai y en el norte del país.
El impacto ya es visible en otras provincias. En Henan, las autoridades emitieron alerta roja por inundaciones repentinas en zonas montañosas. En Jinan, capital de Shandong, varios embalses realizaron desembalses preventivos. Dolphin es el decimotercer tifón de la temporada en China. Tocó tierra el domingo en Zhejiang y dejó lluvias récord en Shanghái: una estación céntrica registró 312,9 milímetros en 24 horas, el máximo en más de 150 años.
Conviene mirar los incentivos que genera una emergencia de esta escala. El despliegue estatal es masivo: 252 equipos de drenaje, evacuaciones coordinadas, flexibilización laboral decretada desde arriba. El dato importa más que el ruido: la capacidad de respuesta de Pekín se medirá no en comunicados, sino en las cifras de daños que emerjan al cierre del jueves. La historia sugiere cautela. China ha enfrentado inundaciones catastróficas en años recientes —Zhengzhou en 2021 es el referente más cercano— y la brecha entre el protocolo oficial y la realidad sobre el terreno suele ser más amplia de lo que admiten las autoridades en tiempo real. Lo que está en juego no es solo infraestructura: es la credibilidad del sistema de gestión de riesgos ante su propia población.



