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Texas ejecuta a Jamaal Howard y marca la trigésima pena de muerte en EE.UU. este año

Howard fue declarado muerto tras recibir pentobarbital en Huntsville, en una ejecución que reaviva el escrutinio sobre este método. Sus abogados invocaron discapacidad intelectual y el precedente de Christa Pike, pero los tribunales rechazaron frenar el procedimiento.
Estados Unidosjueves 8 de octubre de 2026

Texas ejecutó este miércoles por la noche a Jamaal Howard, un hombre de 46 años condenado por matar a tiros a Vickie Swartout durante un robo en 2000. Fue declarado muerto en la prisión estatal de Huntsville después de recibir una dosis letal de pentobarbital.

La ejecución convirtió a Howard en la trigésima persona ejecutada en Estados Unidos en lo que va del año, y en la primera desde el intento fallido de aplicar la pena de muerte a Christa Pike en Tennessee. En Texas, fue la séptima ejecución de 2026, según los registros citados por las agencias.

Howard había sido condenado por el asesinato de Swartout, de 42 años, en Silsbee, un pequeño pueblo rural al noreste de Houston. Entre las pruebas presentadas en el juicio se incluyó un video de vigilancia que mostraba a Howard disparando a la víctima. Según los registros judiciales citados por las fuentes, tenía 20 años en ese momento y robó 114 dólares y un cartón de cigarrillos.

Antes de la inyección, cuando el alcaide le pidió una declaración final, Howard se disculpó con miembros de la familia de su víctima que observaban la escena desde una ventana cercana. También agradeció a sus amigos y familiares y dijo estar «en un buen estado de ánimo para encontrar la paz y al Señor».

Los testigos relataron que, cuando el pentobarbital empezó a hacer efecto, Howard respiró hondo varias veces, jadeó, roncó y tosió. En unos 30 segundos dejó de moverse. Fue declarado muerto 19 minutos después. Su hermana estaba entre los testigos y tuvo que ser asistida por funcionarios de la prisión al pedir salir de la sala.

Los abogados de Howard intentaron sin éxito bloquear la ejecución. Argumentaron que tenía una discapacidad intelectual y que corría riesgos similares a los del caso de Pike, ya que en Texas y en Tennessee se utiliza pentobarbital para las inyecciones letales. También plantearon que la calidad de los fármacos empleados en Texas podía implicar riesgos parecidos a los observados en Tennessee. Los tribunales estatales y la Corte Suprema de EE.UU. rechazaron los últimos recursos.

Pike, de 50 años, había sobrevivido la semana pasada a dos dosis letales de pentobarbital. Según sus abogados, permanece hospitalizada, consciente y hablando, y su equipo sostiene que hubo problemas para ubicar las vías intravenosas durante el procedimiento.

La secuencia deja una imagen incómoda para el aparato estatal: la pena capital sigue viva, pero su aplicación depende de procedimientos que pueden fallar de manera visible. Conviene mirar los incentivos. Cuando la sanción extrema se administra con fármacos cuya efectividad y manejo quedan bajo escrutinio, el Estado no solo ejecuta una condena; también expone la fragilidad de su propia maquinaria.

Para los partidarios de la pena de muerte, el caso Howard confirma que Texas mantiene capacidad de ejecución y que los recursos judiciales no detienen el desenlace. Para sus críticos, la discusión vuelve a centrarse en la calidad del procedimiento y en la legitimidad de una pena irreversible. El dato importa más que el ruido: en un sistema que aspira a impartir justicia con orden, la precisión no es un detalle técnico sino la base de su autoridad.

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