Corea del Sur anunció este jueves que llamó a consultas a su embajador en Ucrania, una medida de respuesta a la polémica por la decisión de Kiev de revelar el traslado al país de dos soldados norcoreanos capturados en la guerra con Rusia.
El Ministerio de Exteriores surcoreano dijo en un breve comunicado que el Gobierno «ha decidido llamar a consultas al embajador en Ucrania» y que espera «una rápida resolución de los asuntos pendientes entre los dos países».
La decisión llegó dos días después de que el ministro de Exteriores surcoreano, Cho Hyun, considerara insuficientes las disculpas presentadas por su homólogo ucraniano, Andri Sibiga. Cho reiteró que existía un acuerdo entre las partes para mantener la confidencialidad sobre el traslado de los soldados, capturados en enero de 2025 cuando combatían en la región rusa de Kursk.
Corea del Sur ha pedido en varias ocasiones a Ucrania que se disculpe después de que el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, desvelara el traslado de los soldados durante su discurso ante la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas. Seúl describió esa divulgación como una violación del acuerdo de confidencialidad y un riesgo para la estabilidad en la península de Corea.
Los dos soldados norcoreanos fueron capturados en Kursk y, según la información difundida en febrero de 2025 por el diario surcoreano «Chosun Ilbo», pidieron ser entregados a Corea del Sur. En esa entrevista afirmaron: «Hemos solicitado el estatus de refugiado y queremos ir a Corea del Sur».
Conviene mirar los incentivos. Seúl ha optado por una respuesta diplomática visible ante una divulgación que considera una infracción de confianza, no un simple desacuerdo protocolario. En una guerra larga, los acuerdos de confidencialidad son parte del orden práctico que sostiene a los aliados; cuando se rompen, el costo no es solo reputacional, sino estratégico.
La historia sugiere cautela. Un episodio aparentemente menor puede agrandar fricciones entre capitales que necesitan coordinarse bajo presión. Para Corea del Sur, el principio en juego es claro: la previsibilidad institucional. Para Ucrania, la cuenta incluye el deterioro de la confianza con un socio que ahora exige explicaciones más que gestos.
