En el XII Foro Parlamentario Iberoamericano, celebrado en Madrid con participación de legisladores de América Latina y España, senadores del PAN sostuvieron que la democracia en México está en riesgo por el populismo en el gobierno de Morena, la cooptación del Poder Judicial y la colusión con el crimen.
Mario Vázquez dijo que conviene partir de una constatación incómoda: cuando la democracia ofrece pocos resultados frente a la inseguridad, la desigualdad o la falta de justicia, la ciudadanía pierde confianza. A partir de esa frustración, agregó, prosperan las soluciones simplistas y la promesa de que concentrar el poder puede resolver mágicamente problemas complejos.
El senador afirmó que en México hoy se viven esas tensiones. En 2024, la coalición gobernante obtuvo alrededor del 54% de los votos para la Cámara de Diputados y alcanzó el 63% de las curules. Con esa mayoría, dijo, el oficialismo impulsó una reforma constitucional profunda, cooptó el Poder Judicial, eliminó organismos constitucionales autónomos y modificó los contrapesos construidos durante muchas décadas.
Vázquez también planteó que la democracia puede deteriorarse utilizando los instrumentos de la propia democracia. Esa idea importa porque desplaza el debate desde la aritmética electoral hacia la calidad institucional. No basta con contar votos si el resultado debilita el equilibrio entre poderes, la autonomía de los órganos de control y la confianza pública en las reglas del juego.
El senador del PAN añadió que México enfrenta la expansión del crimen organizado y su creciente capacidad para intimidar e incidir en la vida política. Dijo que cuando el Estado no logra contener ese poder, o incluso cuando se coluden, se pierde no solo la seguridad, sino también el espacio para la democracia.
En ese diagnóstico hay una advertencia que trasciende el foro de Madrid. La seguridad no es un asunto lateral ni un tema separado del orden constitucional. Cuando la violencia intimida a la política y el aparato estatal deja de imponer autoridad, la libertad de elegir se vuelve menos real, y el costo lo pagan ciudadanos, empresas e instituciones por igual.
La discusión también deja una lección sobre incentivos. Si un gobierno concentra poder mientras debilita contrapesos, el margen para corregir errores se reduce. Y cuando la inseguridad avanza sin una respuesta institucional creíble, crece la tentación de justificar más poder en nombre de resolver el problema. Conviene mirar los incentivos: el resultado suele ser un Estado más fuerte en apariencia, pero menos confiable en la práctica.
Para México, el punto de fondo no es la retórica de un foro en Madrid, sino la salud de sus instituciones. La estabilidad política y económica depende de reglas previsibles, justicia independiente y capacidad efectiva del Estado para frenar al crimen. Sin eso, cualquier mayoría se vuelve frágil y cualquier promesa de transformación queda expuesta al desgaste del poder concentrado.



