Al menos cinco personas murieron y otras nueve resultaron heridas en las últimas horas por una nueva ola de ataques rusos con drones y bombas aéreas contra las provincias ucranianas de Kirovogrado y Dnipropetrovsk, según las autoridades locales.
En Dnipropetrovsk, el gobernador Oleksandr Ganzh informó de la muerte de dos personas tras la destrucción de una vivienda unifamiliar en la comunidad de Novoleksandrivska, en el distrito de Dnipró. Allí hubo además tres heridos: un hombre de 56 años, una mujer de 82 y una mujer de 31 años, esta última trasladada al hospital.
Ganzh dijo que durante la madrugada las tropas rusas atacaron hasta cinco distritos de la provincia en más de diez ocasiones, combinando drones y bombas aéreas. Los golpes provocaron incendios en zonas residenciales de Pavlogrado, donde los equipos de rescate seguían trabajando. El gobernador añadió que los sistemas de defensa antiaérea ucranianos interceptaron y derribaron 39 vehículos aéreos no tripulados durante la noche.
En Kirovogrado, el gobernador Andri Raikovich confirmó la muerte de tres personas en la capital regional. Según Raikovich, el ataque tuvo como objetivo principal instalaciones logísticas, de transporte y empresas industriales. Además dejó seis heridos, cinco de ellos ingresados en centros médicos de la ciudad.
La Fuerza Aérea ucraniana detalló que Rusia lanzó en las últimas horas dos misiles guiados y 580 drones kamikaze de tipo «Shahed». Dijo también que 536 aparatos fueron derribados por la defensa antiaérea del país. Aun así, afirmó que hubo impactos en 31 puntos de Ucrania y caída de restos de las interceptaciones en otros once puntos. «El ataque continúa, dado que hay numerosos drones enemigos en el espacio aéreo», advirtió en redes sociales.
Moscú ofreció su propia versión. El Ministerio de Defensa ruso reivindicó ataques contra «instalaciones de infraestructura portuaria ucraniana» y contra «embarcaciones desplegadas al servicio de las Fuerzas Armadas de Ucrania».
Según esa cartera, en la provincia de Odesa resultó dañada la infraestructura portuaria de Izmail, utilizada para la descarga y el almacenamiento de carga militar y de doble uso destinada a las Fuerzas Armadas de Ucrania. También dijo que dos buques de carga que «transportaban material militar» al puerto de Odesa sufrieron daños tras ser atacados en ruta, sin dar más detalles.
El mismo ministerio sostuvo además que los sistemas de defensa antiaérea rusos derribaron 166 aparatos no tripulados lanzados por Ucrania contra varias regiones rusas, entre ellas Moscú, y contra la península de Crimea, anexionada en 2014.
La contabilidad de drones derribados y aparatos lanzados ofrece una fotografía parcial, pero el hecho central es más simple: la guerra sigue extendiendo su costo sobre civiles, viviendas, nodos logísticos y comercio marítimo. Cuando una campaña militar se mide por la capacidad de golpear y de interceptar, la economía real sigue pagando la factura.
Conviene mirar los incentivos. Cada ronda de ataques refuerza la lógica de la represalia y eleva el costo para ambas economías, mientras la población civil absorbe el daño inmediato. La infraestructura dañada en puertos, transporte e industria no solo complica el presente; también encarece la reconstrucción y debilita cualquier retorno rápido a la normalidad.

