WASHINGTON — El secretario de Estado Marco Rubio calificó la muerte inexplicada de una trabajadora de un instituto ruso de la peste como «motivo de atención», pero no de alarma, en medio de la especulación sobre si la mujer, de 28 años, pudo haber contraído peste neumónica.
«Sabemos lo que sabemos, obviamente, sobre lo que los rusos han proporcionado, que parece ser que hubo una trabajadora en el laboratorio que se infectó, y esta preocupación de que pudiera haberse extendido, al menos internamente. Así que han visto que hicieron cuarentenas», dijo Rubio a reporteros cuando salía de Washington para un viaje a Europa.
«Hay un tráfico muy limitado entre Estados Unidos y Rusia, obviamente. Pero como cualquier otra cosa, si algo así sale, ciertamente podría propagarse», añadió el diplomático.
Daria Shipilova, de 28 años, trabajadora del laboratorio antipeste, murió en Rusia por una neumonía de causa desconocida. La vigilancia sanitaria ha insistido en que la región está estable.
La mujer trabajaba en el Instituto Antipeste de Irkutsk, en Siberia, y su muerte provocó una cuarentena en el hospital.
La peste neumónica puede propagarse de persona a persona por el aire y es casi siempre mortal si no se trata rápidamente con antibióticos.
El episodio ofrece una lección incómoda sobre la gestión de riesgos en un mundo interconectado. Cuando los datos son incompletos y la información oficial llega a cuentagotas, la prudencia deja de ser una virtud abstracta y pasa a ser una obligación práctica.
Conviene mirar los incentivos. Las autoridades ganan tiempo minimizando el alarmismo, pero los mercados, los viajeros y los gobiernos pagan el precio de la opacidad si el problema se agrava. En materia sanitaria, como en seguridad nacional, la falta de claridad no elimina el riesgo; lo redistribuye.
Por eso la frase de Rubio importa más por su tono que por su dramatismo: no pidió pánico, pidió vigilancia. Ese es el marco correcto cuando una enfermedad potencialmente letal puede cruzar fronteras con facilidad. El interés público no está en amplificar el miedo, sino en exigir transparencia, capacidad de respuesta y disciplina institucional antes de que un caso aislado se convierta en un problema mayor.


