Atenas se convirtió este miércoles en escenario de un mensaje nítido de Marco Rubio: Europa debe cargar con una mayor parte de la defensa del continente. El secretario de Estado de EE.UU. lo dijo en público, junto al ministro de Exteriores griego, Yorgos Yerapetritis, y situó a Grecia como un aliado «indispensable» y «modélico» de la OTAN.
«Las naciones de Europa deben asumir una mayor parte de la carga de la defensa del continente, y Grecia está haciendo justo eso», declaró Rubio. La frase resume la prioridad política de Washington en esta etapa: repartir costes, exigir más gasto y reforzar a los socios que aceptan ese reparto con rapidez.
Rubio describió a Grecia como una «fuente de estabilidad en un mundo inestable». También afirmó que los conflictos con Irán en el estrecho de Ormuz y en el mar Rojo, entre otros, ponen de relieve la importancia de la alianza con Grecia. El dato importa más que el ruido. Para Washington, la utilidad de Atenas no se mide solo en diplomacia, sino en su papel geográfico y militar dentro del Mediterráneo.
En ese marco, anunció un acuerdo para reforzar el intercambio de información antiterrorista entre ambos países. Dijo además que no solo son grandes aliados, sino que comparten una comprensión común de las amenazas y de los medios para abordarlas. Grecia, añadió, comprende la importancia de compartir la carga y está dispuesta a trabajar con sus socios para afrontar amenazas graves para todos los Estados miembros.
Según Rubio, Grecia está encaminada a destinar este año el 5 % de su PIB a defensa, con más del 3,5 % dedicado solo a gasto militar. Esa cifra, de confirmarse, coloca la conversación en un terreno claro: cuánto dinero público se orienta a seguridad en un contexto de mayor presión internacional. Conviene mirar los incentivos. Cuando el lenguaje de la alianza se traduce en porcentajes del PIB, el debate deja de ser simbólico y se vuelve presupuestario.
La agenda bilateral no se limita a la seguridad. Rubio expresó la intención de profundizar la cooperación tecnológica, promover la compra de gas natural licuado estadounidense y desarrollar nuevas interconexiones de gas y electricidad para reforzar la seguridad energética regional. También se prevén negociaciones sobre la compra de armamento estadounidense.
Esas conversaciones, según la televisión pública ERT, incluyen la posible compra de cazas de quinta generación F-35, así como F-16 modernizados a la versión Viper, entre otros aspectos. En paralelo, Rubio tiene previsto un discurso en la colina de Pnyx, símbolo de la democracia en la antigua Atenas, y después una reunión con el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis.
Para Europa, el mensaje es incómodo pero coherente: más defensa, más gasto y menos dependencia. Para Grecia, en cambio, la visita refuerza una posición de valor estratégico dentro de la OTAN y del orden internacional. Si Atenas asume el costo, Washington la presenta como ejemplo. Si el continente no lo hace, la factura recaerá otra vez sobre gobiernos y contribuyentes que prefieren hablar de seguridad sin pagarla.
La historia sugiere cautela. Cuando la estabilidad depende de acuerdos militares, compras de armamento y nuevas infraestructuras energéticas, la autonomía real se mide por la capacidad de sostener esos compromisos sin improvisación. En esa ecuación, Grecia gana peso. Europa, de momento, sigue bajo presión para demostrar que puede defenderse con menos retórica y más recursos.

