Marco Rubio cargó contra la gestión de los flujos migratorios en varios países europeos y puso a España como ejemplo tras la entrada masiva de personas migrantes en Ceuta. En una entrevista con Fox News, el secretario de Estado de Estados Unidos afirmó que «ningún país puede permitirse dejar que entre en masa cualquiera que desee hacerlo».
Rubio dijo que Europa «se enfrenta a grandes desafíos» y añadió: «Todos hemos visto las imágenes, por ejemplo, de lo que está ocurriendo en España». Su referencia apuntó, según su propia explicación, a la entrada masiva de personas migrantes desde territorio marroquí dos meses atrás.
El responsable de la diplomacia estadounidense defendió que la inmigración «debe llevarse a cabo mediante un proceso ordenado en el que se pueda decidir quién entra, contar con información detallada sobre esas personas y seleccionar a quiénes y a cuántas personas se permite ingresar cada año». También sostuvo que «no se puede inundar a países con flujos migratorios».
En su crítica, Rubio contrapuso su visión con lo que, a su juicio, ocurrió en Occidente y en Estados Unidos durante la administración anterior, la demócrata de Joe Biden. Dijo que lo visto fue «una afluencia incontrolada de personas» y recurrió a una analogía: «No estoy en contra de la lluvia, sino de las inundaciones».
El funcionario añadió que «la migración masiva resulta tremendamente costosa para cualquier sociedad» y que «sencillamente, no es sostenible a largo plazo». A su juicio, «los países europeos lo están aprendiendo ahora», mientras que Estados Unidos ya lo habría aprendido tras cuatro años de Administración Biden.
La discusión importa porque Rubio coloca el énfasis donde suele doler más: en la capacidad del Estado para ordenar fronteras y en el costo que termina absorbiendo el contribuyente cuando el sistema pierde control. Conviene mirar los incentivos. Si la señal de entrada es amplia y la selección es débil, la presión sobre servicios, instituciones y convivencia tiende a crecer.
También hay una lectura política más amplia. Al citar a España, Rubio no solo habla de migración; habla de soberanía, de orden y de la obligación de decidir quién entra y en qué condiciones. Para una Europa acostumbrada a la retórica de la apertura, el recordatorio es incómodo: las fronteras no son un gesto simbólico, sino una institución que sostiene la autoridad del Estado. El dato importa más que el ruido.


