Un proyectil no identificado alcanzó el aeropuerto de Riad este domingo, según la coalición liderada por Arabia Saudita. Turki al-Malki, portavoz de esa coalición, dijo que el proyectil provocó un incendio en una de las terminales. También afirmó que las defensas aéreas «interceptaron y destruyeron un misil de crucero» en los alrededores del aeropuerto.
El episodio ocurrió un día después de otro ataque contra el aeropuerto de la capital saudí, atribuido por la coalición a los hutíes de Yemen. Los hutíes aceptaron la atribución de ese ataque y luego reiteraron el domingo su amenaza de golpear el espacio aéreo saudí. Yahya Saree, portavoz militar de los hutíes, dijo en X: «Están expuestos a los ataques y constituyen un teatro de operaciones para nuestras fuerzas».
La advertencia fue dirigida a viajeros, empleados y aerolíneas. Los hutíes les dijeron que no utilicen el espacio aéreo saudí ni sus aeropuertos, salvo los de La Meca y Medina. La guerra en Yemen comenzó en 2014. Un año después, las fuerzas gubernamentales yemeníes que combaten a los hutíes recibieron apoyo militar de una coalición liderada por Arabia Saudita.
La autoridad de aviación civil saudí dijo que el ataque del sábado en el aeropuerto internacional Rey Khalid dejó 12 muertos y 309 heridos. Un diplomático occidental destinado en Riad dijo a la AFP que el balance podría subir. Entre los fallecidos figuran cuatro ciudadanos saudíes, dos bangladesíes, un estadounidense, un egipcio, un argentino, un sirio, un palestino y un sudanés, precisó la aviación civil.
En ese contexto, el Gobierno colombiano fijó su posición de rechazo a través de la Cancillería. Condenó los ataques atribuidos a la milicia hutí contra el territorio del Reino de Arabia Saudita, en particular aquellos dirigidos contra aeropuertos y otras instalaciones civiles. Colombia rechazó «el uso de misiles, drones u otros medios de ataque contra la población civil y la infraestructura esencial saudí» y recordó que todas las partes deben respetar el derecho internacional humanitario.
Conviene mirar los incentivos. Cuando un conflicto regional alcanza aeropuertos y terminales civiles, el costo deja de ser abstracto y se vuelve inmediato para viajeros, aerolíneas y gobiernos. El hecho importa más que el ruido: la infraestructura esencial no es un símbolo, sino parte de la vida económica de un país.
La lectura para la región es incómoda. Mientras persista la lógica de ataques y represalias, la seguridad del transporte y la libertad de circular seguirán sometidas a una guerra que castiga a civiles antes que a combatientes. Para Arabia Saudita, y para quienes dependen de su conectividad, la prioridad pasa por restaurar orden y previsibilidad en un espacio aéreo convertido en blanco.
