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Oriente Medio y África

Riad activa su diplomacia mientras Irán y EE.UU. escalan en el estrecho que mueve el 20% del petróleo mundial

Arabia Saudita y Pakistán intentan frenar una espiral de ataques que ya paralizó buena parte del tráfico marítimo en Ormuz, mientras Teherán advierte que «las reglas del juego han cambiado».
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricadomingo 6 de septiembre de 2026

El canciller saudí, Faisal bin Farhan, mantuvo este domingo llamadas separadas con sus pares de Irán y Pakistán, Abbas Araqchi e Ishaq Dar, para explorar mecanismos de contención diplomática ante el agravamiento del conflicto entre Teherán y Washington. Con Araqchi repasó «los últimos acontecimientos regionales» y los esfuerzos para preservar la estabilidad de Medio Oriente. Con Dar, la conversación fue más extensa: ambos discutieron la «crisis actual» y las vías para reducir la tensión mediante el diálogo, según el comunicado del Ministerio de Exteriores saudí.

Arabia Saudita, que comparte fronteras marítimas con el golfo Pérsico y ha recibido ataques iraníes durante el conflicto, tiene intereses directos en cualquier salida negociada. La movilización diplomática de Riad se produce en el momento de mayor intensidad de los bombardeos mutuos desde que la guerra estalló el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron instalaciones militares y nucleares iraníes.

Pakistán no es un actor nuevo en la mediación. En abril, el primer ministro Shehbaz Sharif presentó un acuerdo de diez puntos que dio pie a una tregua inicial de dos semanas. En junio, Islamabad y Qatar impulsaron un memorándum que aplacó brevemente las hostilidades y reabrió parcialmente el estrecho de Ormuz. Ese acuerdo colapsó el 8 de julio, cuando Irán reanudó los ataques contra buques comerciales para reivindicar su soberanía sobre la vía, lo que llevó al presidente Donald Trump a declarar el memorándum «terminado». Dar reiteró este domingo que Pakistán «seguirá desempeñando su papel» para «traer a ambas partes de regreso» al marco de aquel acuerdo.

El estrecho de Ormuz, de apenas 34 kilómetros en su punto más angosto, es hoy el principal teatro de operaciones del conflicto y también su costo más tangible para la economía global. Antes de la guerra, por ese paso transitaban unos 20 millones de barriles de petróleo diarios, cerca del 20% del comercio marítimo mundial de crudo. Ese flujo está hoy prácticamente paralizado: Irán exige permiso previo de Teherán para cualquier buque que pretenda cruzarlo y ataca a los que usan «rutas no autorizadas». La Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) informó el sábado haber atacado tres petroleros en esas rutas y tres embarcaciones más vinculadas a Estados Unidos.

Washington respondió con un cerco sobre puertos y buques iraníes y logró restablecer en las últimas semanas un flujo parcial por una ruta meridional cercana a Omán, aunque expertos en petróleo y en la región coinciden en que el volumen sigue muy por debajo de los niveles previos a la guerra.

El episodio más grave ocurrió el sábado: la CGRI afirmó haber lanzado misiles balísticos contra un portaaviones y un destructor estadounidenses, en respuesta a un ataque de EE.UU. contra tres petroleros iraníes esa misma mañana. El Comando Central estadounidense (Centcom) confirmó el incidente y aseguró que ambos buques «esquivaron con éxito» los ataques, sin bajas entre su personal. Irán calificó el ataque contra sus mercantes de «crimen de guerra» y violación de la Carta de Naciones Unidas.

El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf —también ex comandante de la CGRI y principal negociador de Teherán— advirtió este domingo que «la época de las respuestas proporcionales ha llegado a su fin» y que los ataques recientes «solo han sido un comienzo».

El dato importa más que el ruido: cada punto porcentual de crudo mundial que deja de circular por Ormuz se traduce en prima de riesgo para consumidores y empresas de todo el planeta, no solo del golfo Pérsico. La diplomacia saudí y pakistaní no responde a un impulso humanitario abstracto, sino a incentivos muy concretos: Riad e Islamabad necesitan que el comercio energético fluya y que la región no se convierta en un polvorín permanente que ahuyente inversión y encarezca el capital.

La historia sugiere cautela sobre la eficacia de estos mediadores: el memorándum de junio duró apenas semanas antes de colapsar. Mientras Teherán insista en convertir el estrecho en instrumento de presión política y Washington mantenga su esquema de cerco, la estabilidad seguirá siendo more una tregua táctica que un equilibrio duradero.

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