Ana Lucía Pineda respondió a las críticas por su viaje a la Semana de la Moda en París, Francia, donde estuvo promocionando el trabajo de artesanos, diseñadores y emprendedores colombianos.
La controversia surgió después de que Alejandro Ocampo, vicepresidente del Senado y congresista del Pacto Histórico, presentara un derecho de petición ante el Departamento Administrativo de la Presidencia, Dapre, para exigir el detalle del desplazamiento de la esposa del mandatario Abelardo de la Espriella a territorio francés.
Ocampo pidió que se aclarara si el viaje tuvo carácter oficial o privado, además del desglose de costos: pasajes, alojamiento, viáticos, alimentación, esquema de seguridad y si existieron aportes de fondos públicos o de terceros.
Ante esa petición, Pineda respondió en una publicación de La Silla Vacía en Instagram: «Pagué todo con recursos propios. Puedo ir a París y a donde quiera en el mundo con mi plata», dijo la primera dama, aludiendo a que no se utilizaron fondos del Estado.
Según la información difundida, Pineda estuvo la semana pasada en la Semana de la Moda en París con una agenda centrada en la promoción del emprendimiento, la cultura y las tradiciones artesanales de Colombia en escenarios internacionales.
Lideró el proyecto «Territorios Vivos» y estuvo con otras primeras damas regionales agrupadas a través de la Asociación de Primeras Damas de Colombia, Asodamas. Allí mostró el trabajo de 40 artesanos, diseñadores y emprendedores de 14 departamentos del país.
También mantuvo reuniones de trabajo con la Cámara de Oficios de París para establecer alianzas bilaterales que permitan fortalecer conocimientos de artesanos colombianos, mediante becas, inmersiones académicas y oportunidades de formación y comercialización.
Entre quienes participaron en el proyecto convocado inicialmente por Taliana Vargas, primera dama de Cali, estuvo la diseñadora Manuela Álvarez, quien aportó una propuesta contemporánea con técnicas artesanales.
Asimismo, 20 modelos colombianas expusieron la colección Oh My Heart y estuvieron representantes del proyecto «Casa social de la Mujer», una iniciativa que busca que las colombianas sean independientes económicamente.
El caso ilustra una tensión recurrente: cuando una figura vinculada al poder viaja al exterior, la pregunta relevante no es solo qué mostró, sino quién paga y bajo qué reglas. Conviene mirar los incentivos. En una democracia seria, la transparencia sobre costos, seguridad y eventuales aportes públicos no es un gesto accesorio, sino una obligación mínima frente al dinero de los contribuyentes.
También importa el principio de igualdad ante el escrutinio. Si el viaje fue privado, como sostiene Pineda, esa aclaración debería venir acompañada de una rendición de cuentas clara. Si hubo algún componente oficial, entonces el estándar debe ser todavía más estricto. La confianza pública se erosiona menos por un viaje que por la sospecha de que el aparato estatal se usa sin explicaciones suficientes.


