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Presión sobre Rusia: Trump puede bajar el costo de la guerra y del petróleo

La clave, según esta tesis, pasa por Starlink, las sanciones y la capacidad de golpear la financiación energética de Moscú. Conviene mirar los incentivos: si Putin percibe mayor costo, el margen para un alto el fuego podría abrirse.
Líderesjueves 24 de septiembre de 2026

Donald Trump podría tener una palanca más directa de lo que parece para enfriar la guerra en Ucrania y, de paso, aliviar la tensión sobre los precios del petróleo: presionar a Elon Musk para que permita a Kyiv usar Starlink sobre territorio ruso.

Hoy, bajo el acuerdo vigente, Ucrania puede utilizar el sistema de internet por satélite solo en territorio ucraniano. Kyiv quiere permiso para usarlo al menos 125 miles más allá de la frontera, y Musk ha sido reticente porque no quiere que su empresa quede asociada a una escalada de la guerra.

La tesis de fondo es simple: más capacidad de guía y reconocimiento para los drones ucranianos podría mejorar la capacidad de Kyiv para alcanzar lanzadores de misiles e infraestructura clave de Vladimir Putin, y empujarlo antes a negociar. Según esta visión, Starlink sería menos una herramienta de expansión militar que un instrumento de desescalada.

El argumento se apoya también en la presión económica. Ucrania ya ha tenido éxito atacando instalaciones petroleras rusas, y la amenaza de nuevos golpes podría seguir reduciendo los ingresos que Moscú obtiene de sus ventas de crudo. Zelensky sostuvo en la ONU que el objetivo último de Kyiv no es el petróleo ruso, sino la capacidad de Putin para financiar y «prolongar la guerra».

A eso se suma otra pieza: Trump podría usar sus nuevas facultades bajo la ley de sanciones de Lindsey Graham para castigar a los países que compran energía rusa o ayudan a Moscú a eludir sanciones. La idea sería forzar al Kremlin a aceptar, al menos, un «alto el fuego energético» antes del invierno.

El propio Zelensky advirtió que este invierno podría ser muy duro para Ucrania, pero que, si Rusia sigue atacando el sistema energético y la calefacción, Kyiv no tendrá otra opción que hacerle el daño equivalente a Rusia. En ese marco, el conflicto ya está produciendo costos humanos severos en ambos bandos, y el texto cita a Zelensky cuando dice que en los primeros ocho meses del año murieron 248,000 soldados rusos por ganar menos de 400 square miles de territorio.

Trump también tiene una preocupación política propia: las elecciones de medio término se acercan, y le inquietan los precios del petróleo, especialmente el diésel. No quiere que se ataquen los sitios petroleros rusos, pero la apuesta es que una presión más dura sobre Putin estabilizaría los mercados mejor que la cautela actual.

La lógica es de incentivos, no de retórica. Si Moscú cree que el costo seguirá subiendo, podría aceptar una pausa mutua en los ataques a instalaciones energéticas. Y si esa restricción se consolida, podría abrir el camino a un alto el fuego más amplio y, finalmente, al fin de la guerra.

La cuestión central es quién paga hoy el costo del conflicto y quién captura el beneficio de prolongarlo. Un Kremlin que obtiene ingresos vitales de la energía tiene motivos para resistir; un Occidente que duda entre presionar o contenerse corre el riesgo de financiar la inercia del frente. En ese equilibrio, una señal de firmeza puede valer más que otra ronda de gestos diplomáticos.

Para los mercados, la guerra en Ucrania no es un asunto abstracto: afecta la energía, la seguridad y la previsibilidad del orden internacional. Si Trump decide apretar donde más duele, podría descubrir que el mejor antídoto contra la escalada no es la prudencia pasiva, sino una coerción más inteligente.

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