Posco inauguró este martes su segunda planta de litio dentro del proyecto Sal de Oro, en las provincias de Salta y Catamarca, según fuentes oficiales. La nueva instalación produce carbonato de litio y tiene capacidad para procesar 23.000 toneladas anuales.
La planta se suma a otra unidad del mismo proyecto, dedicada al hidróxido de litio, con capacidad para 25.000 toneladas anuales. Ambas forman parte de Sal de Oro, ubicado en el Salar del Hombre Muerto, en la frontera entre Catamarca y Salta.
Al acto asistieron la secretaria general de la Presidencia argentina, Karina Milei; los gobernadores Gustavo Sáenz y Raúl Jalil; el director ejecutivo de Posco Holdings, Chang In-hwa; y el presidente de la filial de la compañía en Argentina, Park Hyeon.
La primera etapa del proyecto demandó una inversión de 800 millones de dólares. La segunda implicó 207,9 millones de dólares. En conjunto, el desarrollo ha contribuido a la generación de unos 5.000 puestos de trabajo, incluidos cerca de 600 empleos directos en Posco Argentina.
Según informó el Gobierno argentino, en el acto se firmó un memorando de entendimiento para avanzar en las etapas tres y cuatro de la iniciativa. Ese plan permitiría alcanzar una producción anual de 100.000 toneladas de productos de litio.
En abril pasado, Posco concretó la compra de NRG Metals Argentina, dueña del proyecto de litio Hombre Muerto Norte, que está en fase de exploración. En el mismo salar también operan Rio Tinto y Galan Lithium.
El litio figura entre los sectores más dinámicos de Argentina, junto con el cobre y los hidrocarburos. De acuerdo con el informe más reciente del Servicio Geológico de Estados Unidos, el país es el quinto mayor productor mundial de litio, detrás de Australia, Chile, China y Zimbabue; el tercero en reservas, detrás de Chile y Australia; y el primero en recursos, junto con Bolivia.
Según datos de la Secretaría de Minería, Argentina tiene 66 proyectos de litio en distintas etapas de avance. Apenas siete están en producción, incluido Sal de Oro.
Conviene mirar los incentivos. La escena deja una señal clara: cuando hay inversión, reglas relativamente previsibles y escala productiva, el capital llega y el empleo aparece. El dato importa más que el ruido. En un país acostumbrado a discutir la riqueza del subsuelo como promesa, la verdadera prueba es convertir reservas en exportaciones, trabajo formal y divisas.
También hay una lectura institucional. La firma de memorandos, la presencia de autoridades nacionales y provinciales, y la expansión de una empresa extranjera muestran que el litio ya no es una hipótesis geológica, sino un negocio que exige continuidad regulatoria y seguridad jurídica. Si Argentina quiere escalar posiciones, necesitará menos épica y más disciplina para no ahuyentar la inversión que el mercado ya ha empezado a traer.


