Del lunes 19 al domingo 25 de octubre, pizzerías de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y otras ciudades del país servirán pizzas completas para compartir a $22.000 en una nueva edición del Pizza Master, el festival creado por Tulio Zuloaga, conocido en redes como Tulio Recomienda.
La dinámica vuelve con una mecánica ya probada: cada pizzería prepara una receta especial para la semana, los comensales la prueban y luego la califican en la aplicación Tulio, donde los votos definen las ganadoras de cada ciudad.
En Medellín y Antioquia ya hay 28 pizzerías inscritas. Entre ellas aparecen ganadoras de años anteriores como Pizzaiolo, Pane e Pomodoro, D’Lucca y Corrientes. Varias han apostado por ingredientes locales: Bigzza, con una porchetta con achiote, panela y queso costeño; o Ricotta Sibarita, con un dulce de mucílago de cacao.
La edición llega después del Pollo Week, que Tulio Recomienda organizó en septiembre con Fenavi, la Federación Nacional de Avicultores de Colombia, para apoyar a los restaurantes de las zonas más afectadas por el terremoto del 10 de agosto, como Cali y el Eje Cafetero.
Según su organizador, la edición de 2025 vendió 368.400 pizzas en siete días y movió más de $9.000 millones. La lista completa de participantes está en la aplicación Tulio y en tuliorecomienda.com.
Conviene mirar los incentivos. Un festival de precio único concentra demanda, vuelve comparables las ofertas y empuja a las pizzerías a pelear por volumen, visibilidad y fidelidad de clientes en una semana de alta exposición. Para el negocio, el atractivo no está solo en vender una pizza barata, sino en transformar tráfico en caja y reconocimiento de marca.
También hay una lectura más amplia para la economía local. Cuando un evento consigue movilizar consumo privado sin pasar por el aparato estatal, deja ver lo que puede hacer la libre empresa cuando encuentra reglas simples, una audiencia masiva y un precio claro. El dato importa más que el ruido: 368.400 pizzas y más de $9.000 millones en una semana sugieren que, incluso en tiempos de cautela, el gasto voluntario sigue siendo un motor potente para restaurantes y proveedores.



