La prensa oficial china llamó este jueves a mantener el diálogo con la Unión Europea en vísperas de la visita al país asiático del comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, y advirtió de que Pekín «responderá con firmeza» si el bloque aplica nuevas medidas proteccionistas.
En un editorial, el diario Global Times sostuvo que «el camino a seguir reside en la negociación, no en la imposición de medidas coercitivas», y afirmó que la relación económica y comercial entre China y la UE es de «beneficio mutuo». También señaló que «la puerta al diálogo permanece abierta» con la llegada de Sefcovic a Pekín este jueves y viernes para la segunda ronda de consultas sobre comercio e inversión.
La tensión llega después de la carta enviada a la Comisión Europea por Emmanuel Macron y Friedrich Merz, en la que instaron a la UE a dotarse de nuevos instrumentos de protección frente a prácticas comerciales desleales de terceros países, especialmente de China. En respuesta, la cuenta Yuyuan Tantian de Weibo, vinculada a la cadena estatal CCTV, advirtió el miércoles que si la parte europea insiste en introducir «medidas discriminatorias», Pekín «responderá con firmeza» para defender los «derechos e intereses legítimos» de su industria.
Esa misma fuente enumeró entre las herramientas disponibles en China las investigaciones antidiscriminación, sobre la seguridad de las cadenas industriales y de suministro, y sobre el impacto de las subvenciones extranjeras.
Global Times añadió que lanzar nuevas herramientas restrictivas «enrarece, de entrada, el clima de consultas» y «reducirá aún más el espacio para resolver los problemas mediante el diálogo». También subrayó que tales medidas «echarán por tierra los avances ya logrados en las negociaciones».
La Unión Europea insiste en que su relación económica con China es insostenible por el déficit comercial anual de cerca de 360.000 millones de euros y por la presión de sectores industriales chinos como los vehículos eléctricos, las baterías, los paneles solares o los productos químicos. China rechaza esas acusaciones, niega que exista una sobrecapacidad estructural derivada de subsidios o de una demanda interna insuficiente y acusa a la UE de politizar las diferencias comerciales.
Conviene mirar los incentivos: Pekín quiere preservar el acceso al mercado europeo sin ceder terreno en el debate sobre prácticas comerciales, mientras Bruselas busca herramientas para defender a su industria sin cerrar del todo la puerta al diálogo. En ese equilibrio frágil se juega algo más que una ronda de consultas; se define si la UE acepta un comercio regido por reglas o por la capacidad de cada bloque para imponer costos al otro.
Para Europa, el riesgo no es solo diplomático. Cada nueva medida restrictiva puede elevar costos para empresas y consumidores, pero también cada demora en responder traslada la carga sobre sectores expuestos a la competencia china. El dato importa más que el ruido: la relación con Pekín ya no se mide por declaraciones de buena voluntad, sino por la capacidad de ambos lados para sostener instituciones comerciales que limiten el arbitraje político y protejan la libre empresa.


