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Pekín inyecta 8.858 millones de dólares para frenar el derrumbe bursátil de julio

Las compañías estatales CRHC y China Chengtong compraron acciones por 60.000 millones de yuanes tras caídas de hasta un 25 % en el Star Market. La intervención estatal revela la fragilidad de un mercado que no puede sostenerse sin el peso del aparato.
Imagen ilustrativa
Líderesmartes 21 de julio de 2026

Las bolsas chinas cerraron la semana pasada con pérdidas severas y el fin de semana trajo la respuesta del Estado: las compañías estatales China Reform (CRHC) y China Chengtong anunciaron compras de acciones en los mercados locales por un total de 60.000 millones de yuanes, equivalentes a 8.858 millones de dólares. El objetivo declarado es «mantener la operativa estable» de los mercados.

Los números del desplome hablan por sí solos. El referencial de la Bolsa de Shanghái acumulaba una caída del 8,47 % desde el inicio de julio hasta el viernes pasado. El índice de Shenzhen, concentrado en valores tecnológicos, perdía cerca del 15 %. El Star Market shanghainés —equivalente local del Nasdaq— llegó a situarse un 24,69 % por debajo de su récord del 1 de julio. El índice CSI 300, que agrupa los trescientos principales valores de ambos mercados, registraba una bajada cercana al 8,7 %.

La confirmación de que Pekín se ha puesto manos a la obra llegó este lunes cuando el diario financiero oficial Securities Times informó de que la Comisión Reguladora de Valores de China (CSRC) convocó a «numerosas instituciones del mercado» a una reunión para debatir vías de estabilización. Tanto CRHC como China Chengtong anunciaron además que seguirán desplegando músculo financiero mediante fondos propios, recompras o mecanismos especiales de représtamo.

La caída no es exclusivamente un fenómeno chino. Según la fuente, sigue la tendencia de otros mercados internacionales ante la venta masiva de valores vinculados a los chips, el temor a una posible burbuja de la inteligencia artificial y el repunte del conflicto en Oriente Medio. Sin embargo, el epicentro tecnológico del desplome en China añade una capa de complejidad propia.

Un elemento que concentra la atención de los analistas es la inminente salida a bolsa del fabricante de chips CXMT, valorada en hasta 9.800 millones de dólares, lo que la convertiría en la segunda mayor operación de este tipo en la historia de los mercados chinos y la mayor en Asia en lo que va de año. La demanda superó con creces la oferta —más de 200 veces por la parte minorista y cerca de 600 por la institucional—, aunque esas tasas son inferiores al frenesí de meses anteriores. La operación ha reavivado los temores a una crisis de liquidez y a una «superpoblación» del sector de la inteligencia artificial.

Conviene mirar los incentivos. Cuando un mercado solo se estabiliza mediante la compra directa de acciones por parte de empresas controladas por el Estado, la señal que emite no es de confianza sino de vulnerabilidad. El «firme optimismo» que CRHC y China Chengtong invocan en sus comunicados es, antes que un diagnóstico, una orden administrativa disfrazada de sentimiento inversor.

El dato importa más que el ruido. Las democracias de mercado también intervienen en momentos de pánico, pero lo hacen con mecanismos de liquidez y reglas transparentes, no con compras discrecionales de empresas estatales que responden a una cadena de mando política. La diferencia no es menor: define quién asume el riesgo y quién rinde cuentas. En el modelo de Pekín, el contribuyente chino financia la estabilidad del índice; los incentivos para la asignación eficiente del capital quedan subordinados al imperativo de la imagen del régimen. La historia sugiere cautela ante los mercados que necesitan ser ordenados para no caer.

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