Asunción volvió a colocar a Taiwán en el centro de su mensaje exterior. Santiago Peña celebró la «alianza inquebrantable» entre Paraguay y la isla, y prometió fortalecer unos «lazos históricos» que, según recordó, datan de 1957.
En una publicación en X, Peña dijo que ambos países comparten «mucho más que profunda amistad» y que mantienen una alianza «cimentada en la lealtad, la defensa de la libertad y en sólidos valores democráticos». También habló de un «compromiso absoluto» de su gobierno para seguir fortaleciendo esos vínculos y trabajar como «verdaderos socios estratégicos» para asegurar el desarrollo, el progreso y el bienestar de sus pueblos.
Pedro Alliana, vicepresidente paraguayo, escribió que Paraguay y Taiwán son «pueblos hermanos», unidos por una historia de perseverancia, valores compartidos y una «amistad sincera que se fortalece con los años».
El dato central es geopolítico: Paraguay es el único país de Suramérica y uno de los doce del mundo que mantiene relaciones diplomáticas oficiales con Taiwán. Al mismo tiempo, China ha intensificado en los últimos años su presión diplomática para reducir el número de aliados internacionales de la isla.
Peña ya había defendido en varias ocasiones que los vínculos con Taipéi se sustentan en «valores compartidos», pese a que en el país existen voces que abogan por un acercamiento a Pekín. Las relaciones diplomáticas entre Paraguay y Taiwán se establecieron el 12 de julio de 1957, y desde entonces han cooperado en sectores como el educativo, el tecnológico, la salud y el comercio.
Taiwán celebró su Día Nacional, una fecha que recuerda el derrocamiento de la última dinastía imperial en 1911 y el establecimiento de la República de China, nombre oficial de la isla.
Conviene mirar los incentivos. Para Asunción, mantener la relación con Taiwán no es solo un gesto simbólico: también es una apuesta por una alianza que el gobierno presenta como anclada en la libertad y la democracia. En un orden internacional cada vez más presionado por la competencia entre potencias, preservar esa relación tiene valor político.
La otra cara es evidente. La presión diplomática de China busca aislar a Taipéi, y cada país que decide sostener el vínculo paga un precio potencial en su margen de maniobra externa. Paraguay ha optado por conservarlo. Esa decisión habla de soberanía, pero también de prioridades estratégicas: qué socios se prefieren, qué principios se defienden y qué riesgos se acepta asumir.
