Gustavo Villate, ministro de Tecnologías de la Información y Comunicación de Paraguay, afirmó que la relación diplomática con Taiwán «nunca va a estar sobre la mesa de negociación». Lo hizo en una carta difundida por la Presidencia paraguaya, después de que China lo sancionara junto al canciller de Belice, Francis Fonseca, por los vínculos de ambos países con la isla.
Villate dijo que «las naciones soberanas no necesitan coincidir en todo para tener relaciones constructivas» y defendió que la reciprocidad y el respeto a la independencia «no se negocian». También sostuvo que Paraguay es «una democracia que decide por sí misma» y que seguirá trabajando con Taiwán en proyectos conjuntos.
Paraguay y Belice son dos de los 12 países que mantienen relaciones diplomáticas plenas con Taiwán, una isla gobernada de forma autónoma desde 1949 y que China considera «parte inalienable» de su territorio. El año próximo, Paraguay y Taiwán cumplirán 70 años de relaciones ininterrumpidas, según Villate.
La sanción china incluye la congelación de sus bienes en China, la prohibición de transacciones con organizaciones y particulares chinos y el veto de entrada en China continental, Hong Kong y Macao. Villate dijo que ese castigo es «una certificación» de que la política del Gobierno paraguayo aplicada desde 2023 va por «el camino correcto».
El ministro también criticó la Ley contra Sanciones Extranjeras de China. Según explicó, un funcionario extranjero puede ser sancionado por opiniones vertidas en su propio país «sin tribunal y sin defensa». Añadió que, en una democracia, la propiedad privada y la libertad de opinión están protegidas frente a ese tipo de poder.
Villate dijo además que China lo acusa de difundir «desinformación» sobre ciberataques. Recordó, sin embargo, que su ministerio junto al Gobierno de Estados Unidos publicaron este año una declaración conjunta sobre «operaciones cibernéticas maliciosas vinculadas» a Pekín dirigidas contra instituciones del Estado paraguayo.
China también acusó a Villate y Fonseca de ser «peones» de las autoridades de Taiwán, de haber visitado la isla y recibido en sus países a funcionarios taiwaneses. En respuesta, Villate sostuvo que cooperar con un país amigo no es una provocación, sino «política exterior soberana».
La presión diplomática sobre Taiwán sigue aumentando. En la última década, la isla ha perdido varios aliados en favor de la República Popular, el último de ellos la nación insular de Nauru, en 2024.
Conviene mirar los incentivos. China usa sanciones para castigar a quienes sostienen lazos con Taipéi, mientras Paraguay insiste en que su política exterior no está en venta. El caso muestra el choque entre soberanía diplomática y coerción económica. También deja una lección incómoda para cualquier gobierno pequeño: preservar autonomía tiene beneficios estratégicos, pero rara vez es gratis.
En ese marco, la defensa paraguaya de Taiwán no es un gesto simbólico menor. Es una apuesta por la libertad de decisión frente a un poder que premia la obediencia y castiga la disidencia. El costo inmediato recae sobre funcionarios concretos; el principio en juego alcanza al derecho de un país a definir su política exterior sin tutela extranjera.

