Un superpetrolero se incendió tras chocar con una mina marina cuando intentaba cruzar el estrecho de Ormuz por una vía «no autorizada», informó la Guardia Revolucionaria iraní en un comunicado difundido por la agencia Tasnim.
La fuerza militar iraní no precisó ni el nombre del barco ni la bandera que llevaba. Sí afirmó que el buque transportaba crudo y que intentaba salir del estrecho por una ruta no autorizada cuando sufrió «una fuerte explosión» tras chocar con una mina marina en una zona declarada de alto riesgo. También indicó que el barco continúa en llamas.
«Un incendio de grandes proporciones es el destino de cualquier petrolero infractor que pretenda ignorar la seguridad y las normas del estrecho de Ormuz», advirtió la Armada de la Guardia Revolucionaria.
El anuncio llegó horas después de que la Guardia Nacional de Emiratos Árabes Unidos informara en su cuenta de X del rescate de los 22 tripulantes de un petrolero incendiado en el golfo Pérsico. Las autoridades emiratíes dijeron que los tripulantes, de diversas nacionalidades asiáticas, fueron evacuados, recibieron primeros auxilios y se encuentran en condición estable. No se ha establecido una relación entre ambos sucesos.
El episodio se produjo después de que la Guardia Revolucionaria iraní afirmara ayer haber atacado en el estrecho de Ormuz al buque NV Sunshine, que transportaba gas licuado de petróleo (GLP), por navegar por una ruta «ilegal», lo que provocó un incendio en la sala de máquinas y el sistema de propulsión.
La propia Guardia Revolucionaria ha asegurado en reiteradas ocasiones que tiene bajo su control el estrecho de Ormuz. Según la misma fuente, el flujo de petróleo en la zona ha alcanzado niveles cercanos a los previos al estallido de la guerra, en febrero.
Irán cerró el estrecho tras el comienzo de la guerra emprendida por Estados Unidos e Israel y lo ha utilizado como una de sus principales medidas de presión en el conflicto. Washington respondió con un cerco naval sobre puertos y buques iraníes.
Conviene mirar los incentivos. Cuando un estrecho por el que circula una parte decisiva del petróleo se convierte en escenario de advertencias armadas, el mensaje trasciende a los buques afectados. Llega a refinadores, aseguradoras, navieras y consumidores que dependen de precios previsibles y de una mínima continuidad logística.
La lección es conocida: la libertad de navegación no es una cortesía diplomática, sino una condición básica del comercio. Cada vez que un Estado trata una vía marítima como herramienta de presión, extiende el riesgo sobre terceros que no participan del conflicto y eleva el costo del orden internacional.
Para los gobiernos, la pregunta no es solo quién declara controlar Ormuz, sino cuánto está dispuesto el sistema a tolerar que la política exterior se exprese mediante el bloqueo, la amenaza o el incendio en alta mar. El mercado puede adaptarse a casi todo, menos a la arbitrariedad permanente.
