Benjamin Netanyahu afirmó este lunes que «ajustará cuentas» con todos los implicados en los ataques del 7 de octubre de 2023 contra Israel y aseguró que en Gaza «no quedará ningún gobierno de Hamas», en un discurso pronunciado con motivo del aniversario de los ataques perpetrados por Hamás y otros grupos palestinos.
El primer ministro añadió que Israel «tiene más misiones que espera completar» y sostuvo que «todo aquel que haya atacado territorio israelí o que haya secuestrado rehenes tiene los días contados». También dijo: «Les alcanzaremos, como lo hemos hecho con otros».
En paralelo, Netanyahu afirmó que el Ejército «seguirá atacando a Hezbolá y creando una oportunidad para la paz en el país, en el que la gran mayoría quiere en realidad lograr la paz con Israel». Sobre Irán, dijo que no va a permitir que amenace la existencia de Israel y que el régimen está «más débil que nunca desde que se fundó».
Según sus palabras, Irán tiene «un plan de tres puntos para destruir Israel». Añadió que hubo terceros lanzando misiles contra territorio israelí y ciudades, y que se han diseñado bombas nucleares para destruir el país y «borrarnos de la faz de la tierra».
Netanyahu sostuvo además que, «luchando de forma conjunta», los militares israelíes han logrado acabar con las armas terroristas de Irán y hacer frente a los enemigos para hacerlos retroceder de las fronteras y crear zonas de amortiguación.
Por su parte, el presidente de Israel, Issac Herzog, dijo que «el paso del tiempo no exime» del deber de investigar lo sucedido el 7 de octubre y lamentó que «han transcurrido tres años desde la tragedia sin que el Gobierno haya establecido un organismo de investigación exhaustivo».
Herzog señaló que Israel «debe investigar con determinación, valentía y sin sesgos, para comprender cómo sucedió esto». Añadió que hay lecciones claras que ya conocen: no deben ignorar las advertencias ni las señales inquietantes, y deben afrontar directamente lo que ocurre en su propio hogar, desde dentro.
También hizo hincapié en la campaña electoral prevista para finales de octubre y advirtió que «se debe observar atentamente las señales de alerta evidentes, aquellas que indican una profunda división y disputas peligrosas».
Dijo además que quienes hoy discrepan vivirán mañana al lado de sus adversarios políticos, que sus hijos crecerán en el mismo país y que estarán llamados a protegerlo juntos y a construir su futuro en común.
La escena deja una imagen clara: Netanyahu endurece el mensaje militar y promete seguir golpeando a sus adversarios, mientras Herzog recuerda que la seguridad sin revisión institucional puede dejar abiertas las mismas fisuras que facilitaron la tragedia. Conviene mirar los incentivos. Cuando el Estado se concentra en la represalia y posterga la rendición de cuentas, el costo político y humano suele terminar pagándolo la sociedad que exige protección, pero también reglas claras.
El dato importa más que el ruido. Si Israel no establece un mecanismo de investigación que inspire confianza, la disputa sobre responsabilidades seguirá contaminando la cohesión interna justo cuando el liderazgo político insiste en una agenda de guerra prolongada. En un entorno así, la fortaleza del Estado no se mide solo por su capacidad de respuesta, sino por su disposición a corregirse a sí mismo.
